Causas y consecuencias de una peligrosa rebelión

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El país daba la impresión de ser un “oasis” de tranquilidad, de bienestar y de progreso económico en medio del caos latinoamericano. Así lo acababa de llamar el Presidente Piñera, regresando de una gira por Perú, y refiriéndose a los conflictos ecuatorianos.

Sin embargo, en pocos días el “oasis” explotó como un volcán.

Los hechos:

Todo comenzó por el alza del pasaje del Metro, el medio más masivo de transporte en la capital. Los estudiantes de uno de los liceos públicos más conocido, el Instituto Nacional, que venían protestando desde el comienzo del año de modo violento, protagonizaron una masiva evasión del pago del Metro en protesta por el alza.

A esta evasión se sumaron personas “comunes” y a poco andar comenzaron no sólo a evadir el pago sino también a destruir las estaciones del Metro y a quemar los carros. Todo se dio con una rapidez sorprendente, pareciendo estar bien articulado y preparado.

Corresponde a nuestro programa orientado a la familia y a su fortificación en la sociedad chilena preguntarnos qué relación existe entre la crisis en que se encuentra esta institución y los fenómenos sociales que han afectado la tranquilidad pública y la seguridad de las personas, así como los atentados a la propiedad pública y privada.

Comencemos por decir que lo que las imágenes de la TV nos muestran es la mayor y completo desprecio por la autoridad pública, tanto de los que asaltan supermercados, comercios y casas particulares, cuanto de los que protestan de modo pacífico pero provocando la paciencia de los carabineros e insultando a las FFAA desplegadas por el Estado de Emergencia.

Por otro lado, para quienes hemos presenciado en vivo y en directo tales manifestaciones hemos podido constatar que la mayoría de los participantes son personas jóvenes de entre 20 a menos de 30 años, probablemente estudiantes universitarios, de aspecto “artesa” que al mismo tiempo que parecen jugar con pitos, cacerolas y banderas, demuestran un odio destructivo contra todo y todos los que se le puedan oponer.

El número de los participantes no es masivo, pero es lo suficientemente amplio y violento como para intimidar al trabajador honesto y a la dueña de casa pacífica.

Sin embargo, a medida que pasan los días y que crece la osadía destructiva de estos grupos, los comerciantes, pequeños propietarios y personas de orden, viendo que la represión de la autoridad pública es insuficiente, comienzan a organizarse y armarse para evitar la destrucción de sus fuentes de trabajo y de sus propios hogares.

En medio de los violentistas y de los defensores de sus fuentes de trabajo existe una mayor o menor cantidad de personas que reivindican mejorías de sueldos, subsidios y otras regalías públicas y que terminan sumándose a los primeros.

Una primera pregunta que quisiéramos responder en este programa es ¿cómo se pudo pasar tan rápido de un ambiente de aparente tranquilidad y trabajo a otro de enfrentamiento a la autoridad pública y exigencias desproporcionadas?

La respuesta la hemos dado a lo largo de innumerables programas de este espacio: la crisis de la familia, la falta de autoridad de los padres, el descoyuntamiento de los hogares, la educación sexual permisiva, la banalización de la vida de los no nacidos y un largo etc.  que se ha venido tejiendo, o mejor dicho, destejiendo por varias décadas.

Los que hoy protestan y delinquen, sólo ayer eran estudiantes de colegio. Allí aprendieron que se podía insultar y amenazar al profesor sin consecuencias para él; vieron que se podía llegar tarde a la casa o no llegar, y nadie les decía nada; vieron que se podía tomar marihuana y que había parlamentarios que los apoyaba; que las relaciones sexuales podían ser promiscuas, sin consecuencias; que si se llegaba a engendrar una nueva vida, se la podía abortar.

Entonces, ¿Cómo sorprenderse de que quienes así crecieron hoy enfrenten a un Gobierno, a las FFAA y de Orden y exijan el fin de las instituciones democráticas republicanas?

“Siembra viento y cosecharás tempestades” dice el sabio adagio.

Estos niños de ayer y delincuentes de hoy, se criaron bajo el viento de la anarquía y del caos, y apenas pudieron sacar sus garras mostraron hasta qué punto ellas son capaces de arañar y destruir.

Quizá algún auditor nos diga que no estamos tomando en consideración a las protestas pacíficas, movidas únicamente por necesidades económicas urgentes y necesarias.

Le respondemos que no nos parece justo incluirlas, pues ellas, si son verdaderamente pacíficas, no tiran piedra ni amenazan a la autoridad constituida. Tampoco destruyen las estaciones de Metro ni queman los carros para evitar un aumento de $30 pesos del pasaje.

Prueba de lo anterior es que apenas el Presidente Piñera anunció un paquete de medidas propio a atender estas necesidades supuestamente urgentes y apremiantes, en vez de disminuir las protestas, ellas no hicieron sino aumentar, exigiendo nueva Constitución y renuncia del mismo Presidente.

No, no hay que dejarse llevar por las apariencias. Nada justifica esta provocación del desorden y de la anarquía, sino intereses obscuros que no han mostrado su mano, pero que se puede sospechar su proveniencia.

Uno de los miembros de la nomenclatura comunista de Venezuela, declaró que lo ocurrido en Ecuador, Perú y Chile, eran las “brisas bolivarianas que llegaban hasta allá y que terminarían en tormenta”.

Pareciera ser que de lo que se trata es precisamente de subvertir la tranquilidad pública de todos los países sudamericanos. Y Chile es el principal, pues era la “joya de la corona” en materia de progreso y tranquilidad.

Desestabilizar a Chile, confundir y amedrentar a los chilenos honrados y trabajadores, con consignas que no se oían desde la década de los 70’, pareciera ser el propósito de las manos ocultas y de los dineros escondidos que movilizan y financian esta enorme subversión.

Para terminar, respondemos a otra pregunta que naturalmente surge de estas consideraciones: ¿qué puede hacer cada uno en el ambiente pequeño y privado de su propio hogar y trabajo?

Le proponemos tres cosas:

La primera es no dejarse arrastrar ni por el miedo ni por el optimismo. Observar con atención y tomas las medidas responsables para su propia subsistencia; desde la compra previsora de alimentos hasta la organización de la defensa de su casa, de su condominio o de su negocio, caso las circunstancias lo exijan.

En segundo lugar, si Ud. es padre o madre de familia, o si tiene nietos a quienes formar; mostrarles el ejemplo de los dos Chiles que ellos tienen delante de sí: el del trabajo honrado y el de la subversión criminal y orientarlos para que opten por el primero y rechacen al segundo.

Por último, el más importante de todos. Rezar a la Santísima Virgen del Carmen para que Ella impida a quienes quieren precipitar a nuestra Patria, que es tierra a Ella consagrada, por las vías de la anarquía y de la miseria en que yacen los países que cayeron bajo la dictadura comunista.

A estas acciones nos sumamos, por el amor que tenemos a la Patria que Dios nos concedió.

 

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en esta SU emisora, semana a semana, en este mismo horario, o en wwwcredochile.cl

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