¿Apruebo o Rechazo? “No se cortan las raíces de las cuales se ha nacido”.

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Estimado radioyente:

Probablemente Ud. se recuerde que en el año 2004, cuando el conjunto de naciones europeas decidió dotarse de una Constitución, el Santo Padre Juan Pablo II, dirigió una severa advertencia a quienes pretendían redactarla ignorando el pasado cristiano de ese conjunto de naciones.

En esa ocasión, el Papa lamentó la ausencia de una mención explícita en la Constitución de la Unión Europea al papel del cristianismo en la construcción de ese Continente y aseguró que “no se cortan las raíces de las cuales se ha nacido”.

En esa misma oportunidad, la Santa Sede, por boca del entonces portavoz Joaquín Navarro Valls, expresó su “pesar por la oposición de algunos Gobiernos al reconocimiento explícito de las raíces cristianas de Europa”, una ausencia que supone un desconocimiento “de la evidencia histórica y de la identidad cristiana de las poblaciones europeas”.

Las críticas del Papa se dirigían a los líderes de la Unión Europea por su decisión de no incluir una referencia explícita a Dios y al cristianismo en el preámbulo del borrador de la Constitución comunitaria acordado en la ciudad de Bruselas, en la cumbre de jefes de Estado y de gobierno.

Finalmente los redactores llegaron a una fórmula de consenso que afirma: “ la Unión se inspira en la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa”. Con ello, si bien que hace referencia a su pasado, omite lo principal del mismo, que es el legado cristiano.

De ahí para acá han pasado sólo 16 años, y esa Constitución que está por así decir recién saliendo de su niñez, ya está haciendo agua por todos lados.

Ella se quiso ordenar de acuerdo a principios tecnocráticos y al otorgamiento de derechos a los europeos. Lo que consiguió fue que los “seguros sociales” tan prometidos no se alcanzaran como se prometían y que los tecnócratas se transformaran en verdaderos dictadores que hacen y deshacen desde sus oficinas en Bruselas.

El reciente Brexit, o la salida de Inglaterra, fue una primera y grave quebradura de ese conjunto de naciones.  Con posterioridad a la salida de Inglaterra se ha hecho oír otros movimientos que exigen lo mismo.

“De #Brexit a #Frexit: llegó la hora de importar la democracia a nuestro país. ¡Los franceses debemos tener el derecho a elegir!”. Igualmente han aparecido voces que promueven el Nexit (por “Netherlands”, Países Bajos en inglés), Swexit (por “Sweden”, Suecia en inglés) y Oexit (por “Österreich”, Austria en alemán), por mencionar algunos ejemplos europeos.

Ud. me preguntará qué relación tiene esa situación con nuestro alejado territorio nacional.

Le respondemos que tiene más relación de lo que Ud. puede pensar.

En efecto, dentro de pocos días más, Chile votará si quiere permanecer en el marco de la actual Constitución o prefiere dotarse de un nuevo texto, partiendo desde “una hoja en blanco” conforme la fórmula de los favorables a la opción “Apruebo”.

Desde el punto de vista de la moral católica, no existe una opción que sea claramente mala, pues, de suyo, cualquier país puede dotarse de una o de sucesivas Constituciones de acuerdo al sentir de su población.

Sin embargo, hay una condición indispensable para que ella se ordene de acuerdo a los principios cristianos, y es precisamente la que el Papa Juan Pablo II le indicaba a los redactores de la europea: “No se cortan las raíces de las cuales se ha nacido”

¿Y cuáles son esas raíces, en nuestro caso?

El mismo Papa las señaló en su histórica homilía pronunciada en Rodelillo a las familias chilenas. Transcribimos algunas de sus enseñanzas para recordar a los católicos chilenos en el momento de votar.

“He venido para deciros que la familia es el punto de apoyo que la Iglesia necesita hoy, también en Chile, para encaminar el mundo hacia Dios y para devolverle la esperanza que parece haberse difuminado ante sus ojos. En la familia cristiana se muestra claramente cómo «la Iglesia es el corazón de la humanidad»  ,puesto que «el futuro del mundo y de la Iglesia pasa a través de la familia». Bien lo decía San Agustín con su certera intuición: La familia es «el vivero de la ciudad» (San Agustín De Civitate Dei, XV, 15: PL 41, 459), quiere decirse la sociedad.

“Por esto —como indicaba en la Exhortación Apostólica Familiaris consortio—, «la función social de las familias está llamada a manifestarse también en la forma de “intervención política”, es decir, las familias deben ser las primeras en procurar que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y los deberes de la familia. En este sentido las familias deben crecer en la conciencia de ser “protagonistas” de la llamada “política familiar”, y asumirse la responsabilidad de transformar la sociedad»

“Queridos esposos y esposas de Chile: Vuestra misión en la sociedad y en la Iglesia es sublime. Por eso habéis de ser creadores de hogares, de familias unidas por el amor y formadas en la fe. No os dejéis invadir por el contagioso cáncer del divorcio que des-troza la familia, esteriliza el amor y destruye la acción educativa ele los padres cristianos. No separéis lo que Dios ha unido. (cf Mt 19, 6).

“Frente a una «mentalidad contra la vida» , que quiere conculcarla desde sus albores, en el seno materno, vosotros, esposos y esposas cristianos, promoved siempre la vida, defendedla contra toda insidia, respetadla y hacedla respetar en todo momento. Sólo de este respeto a la vida en la intimidad familiar, se podrá pasar a la construcción de una sociedad inspirada en el amor y basada en la justicia y en la paz entre todos los pueblos.

“Dentro de pocos momentos, vais a renovar vuestras promesas matrimoniales. Seguidamente ofreceréis algunos dones que simbolizan la vida familiar, entre los que no va a faltar una imagen de la Virgen, venerada en el santuario de Lo Vásquez. Y precisamente esa imagen va a ser presentada por dos jóvenes que representan a todos vuestros hijos. Que todo ello sea prenda de una renovación de la vida familiar.

“No cedas a las tentaciones del egoísmo o de la violencia. Abre de par en par las puertas de tu casa a Cristo. A la Virgen María, presente en todos los corazones y en todos los hogares chilenos, encomiendo vuestros propósitos de fidelidad y de renovación. Ella os acompañará para hacer de cada hogar un templo donde reine Dios Amor”.

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Hasta aquí las enseñanzas del Santo Padre a los chilenos.

Cuando estemos por depositar nuestro voto en el próximo plebiscito debemos preguntarnos: ¿cuál de las dos opciones (Apruebo o Rechazo) da más garantías de respetar estas raíces?

Y cuando estemos ciertos de la respuesta, votemos con resolución, pues de todas las expectativas que se puedan tener con respecto a cómo debe ser en Chile que queremos, la más cierta de todas es la que asegure la permanencia de nuestras raíces cristianas.

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