Antídoto descubierto para la coronafobia

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Estimado radioyente:

El tema del coronavirus se impone por sí mismo. Pero el programa de esta semana no versará sobre cómo defenderse del contagio o de las últimas estadísticas de contagios.

Como siempre, nuestro programa se orienta a dar un sentido de Fe católica a las contingencias de la vida.

Para ello nos serviremos de un análisis del Director de Tradición, Familia y Propiedad de los Estados Unidos, Sr. John Horvat II, autor del libro: Return to Order (retorno al orden).

Pasamos la palabra al Sr. Horvat:

“Mientras que los medios están provocando una histeria por el coronavirus, como católicos necesitamos hacer una pausa, rezar y buscar una solución sobrenatural. Si bien el virus aún no ha mostrado toda su furia, la reacción global se convirtió en un frenesí. Hay dos espectáculos que tienen lugar: el coronavirus y el miedo al coronavirus, que podría llamarse “coronafobia”.

El miedo se está extendiendo a un ritmo mucho más rápido que el virus real, debido en gran parte a los medios de comunicación.

El virus aterroriza a las personas, ya que les introduce en un mundo desconocido. Es una enfermedad misteriosa de una tierra totalitaria lejana. Todos desconfían de los datos que salen de China. La naturaleza altamente contagiosa e impredecible del virus se suma al miedo generalizado. La publicidad y las imágenes de los medios multiplican el impacto de la enfermedad al sensacionalizar cada avance.

De manera que la coronafobia está causando estragos en todo el mundo. Ha desacelerado las economías, reducido miles de millones de dólares en el valor de las acciones, interrumpido las ceremonias religiosas y paralizado las ciudades. Está reorientando la política a medida que los líderes mundiales son puestos prueba al enfrentar el grave desafío de este contagio.

Por supuesto, el coronavirus presenta riesgos reales. Se deben tomar medidas razonables. Como en todos los casos de gripe, las personas se enferman y pueden morir. Las personas con sistemas inmunes débiles son especialmente vulnerables. Sus víctimas tienden a ser personas frágiles con deficiencias preexistentes.

Sin embargo, dos factores hacen que esta amenaza sea diferente y más aterradora que la gripe estacional que cobra decenas de miles de vidas cada año. La primera es que puede atacar rápida e indiscriminadamente. La segunda es que no hay vacunas contra ella. Por lo tanto, las personas perciben la impotencia general ante un pequeño virus que está poniendo de rodillas a un mundo frágil e interconectado.

A nadie le gusta decirlo, pero lo que desencadena la coronafobia es el miedo a la muerte que tanto atormenta a la mentalidad moderna. Cada persona ve en alguien muerto por coronavirus su posible muerte. Este miedo paranoico provoca exigencias de que se empleen todos los medios posibles contra esta amenaza remota, incluso si parecen excesivos. Este drama desesperado crea condiciones para que las personas incluso renuncien a sus derechos y libertades para evitar contraer el virus.

La coronafobia es causada por una sociedad donde el disfrute de la vida es el valor supremo. Es por eso que toda la potencia de la medicina debe ser movilizada con tanta pasión. Se debe hacer todo lo posible para prolongar la vida de aquellos que aún disfrutan de la vida y les da lo mismo el más allá.

Sin embargo, no toda vida es igualmente valorada en la cultura hedonista de hoy. La misma profesión médica que lucha para tratar a las víctimas del coronavirus suprime millares de vidas diariamente, a través del aborto y la eutanasia, para que los supuestos beneficiarios puedan liberarse de las responsabilidades y “disfrutar” la vida.

La coronafobia explica por qué hay tanto revuelo con este tema. En una cultura que adora el placer, los virus que amenazan la vida abruman y aplastan a las personas no acostumbradas a pensar en la muerte y el sufrimiento. La gente busca cualquier forma de escapar de esta desagradable realidad.

Para evitar cualquier pensamiento profundo sobre el virus, las personas hacen ruido y agitación en torno suyo, con la esperanza de que el estruendo pueda asustarlo y apartarlo. Para encontrar soluciones rápidas al problema, exigen a altas voces una acción urgente, incluso si va en contra del sentido común. En su impotencia, se llenan de resentimiento y rabia, culpando a otros por su desgracia.

El miedo domina en tales circunstancias. La gente hará cualquier cosa para evitar enfrentar la crisis de manera individual, en toda su seriedad. El festival del bombo sofoca todo en una frenética intemperancia de negación colectiva.

Pero, hay una cura para la coronafobia. Implica enfrentar la realidad con toda objetividad. Las personas no deben reaccionar exageradamente ni minimizar los peligros. Deben enfrentar el virus, con calma y con sentido común, utilizando las precauciones estándares por las cuales se evitan los casos graves de gripe.

La coronafobia solo puede ser superada por aquellos que se atreven a pensar más allá de los placeres de la vida. La tragedia invita a las personas a reflexionar sobre la mortalidad humana y la contingencia. Dentro del silencio de la reflexión, las personas encuentran significado y propósito para sus sufrimientos. Encuentran el coraje para actuar con eficacia, abrazando la realidad, no negándola.

Sobre todo, la tragedia lleva a las personas a confiar en Dios y en Su Providencia. Las limitaciones de una sociedad puramente laica se hacen patentes cuando ocurren tragedias de este tipo. La humanidad se abandona a sus propios recursos y los encuentra trágicamente insuficientes. A lo largo de la historia, cuando se enfrentan a la tribulación, los fieles han recurrido a Dios y han encontrado consuelo y ayuda. Es por eso que la Iglesia siempre ha jugado un papel tan importante en tiempos de calamidad. En lugar de prohibir las ceremonias religiosas, las autoridades deberían alentar a la Iglesia a celebrar más. Esta confianza es la única cura segura para la devastadora coronafobia que asola el mundo.

Hasta aquí las claras ideas del Sr. Horvat que esperamos le hayan servido para tomar con espíritu de Fe las contingencias de nuestra propia existencia en este “valle de lágrimas”.

Lo convidamos a seguirnos semana a semana en esta SU emisora, en este mismo horario o a través de nuestra página web. Credochile.cl

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