Ambiente que favorece la Delincuencia

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Estimado radioyente

No sería nada raro que Ud,. que nos está escuchando o algún cercano suyo haya sido víctima de un asalto.

Si se hiciera una encuesta preguntando quién nunca fue víctima de un asalto o no tiene a ningún conocido que lo haya sido, las felices excepciones se podrían contar con los dedos de una mano, y quizá sobraran dedos. En realidad sería una encuesta inútil, pues esa estadística ya existe.

De acuerdo a información de la Fiscalía Nacional, en el año 2014, el robo por sorpresa (lanzazo), robo con intimidación (asalto) y hurto simple (entre 4 y 40 UTM) muestran incrementos de 21,9%, 14,3% y 6,5%, respectivamente.

Jorge Abbott, Director Ejecutivo Nacional del organismo estatal explicó que “el desafío que tiene el Ministerio Público tiene que ver con aquellas causas que hoy día se están archivando, fundamentalmente las que tienen relación con delitos contra la propiedad”.

Otra cifra preocupante son los robos a cajeros automáticos, que en el período analizado, es decir del 2013 al 2014, registraron un aumento de 152,6%, pasando de 78 denuncias a 197, lo que significa 119 delitos más. El director ejecutivo aclaró que para llegar a estos números, ellos consideraron todas las denuncias ingresadas, incluyendo no sólo los robos consumados sino también los robos frustrados.

Y respecto al uso fraudulento de tarjetas de créditos y débitos, a nivel país aumentó en 944 denuncias (8,6%), en comparación a igual período de 2013.

Los datos del 2015 se sabrán solamente el próximo año, pero ciertamente van en alza, no sólo en la cantidad de delitos sino también en el grado de violencia con que ellos son practicados.

Es lógico preguntarse cuál es la causa de este onda creciente de atentados a la propiedad privada, al punto de que las personas honradas, cualquiera que sea su nivel socio-económico, deben vivir semi-enrejados, mientras los ladrones se pasean impunes por las calles del País.

Quizá la primera razón esté precisamente en la impunidad. Los delincuentes antes de perpetrar su crimen conocen los riesgos, y naturalmente, hacen un balance entre lo que pueden perder y lo que eventualmente ganarán con el botín. Ellos saben que las penas no son pesadas, que existen muchos recursos para disminuirlas, y, por último, que quizá ni siquiera vayan a ser detenidos por falta de pruebas.

En la década de los años 90, los legisladores, movidos por prejuicios ideológicos, comenzaron a disminuir los atributos y los recursos a disposición de Carabineros de Chile para detener a los sospechosos y así a mantener a raya la delincuencia. Se introdujeron excesivos “derechos de los detenidos” y se coartó la legítima defensa de los guardianes del orden, que además fueron sometidos a cursos de instrucción que sobre-valorizan unilateralmente el cuidado de los presos,.

El resultado no podía dejar de ser el que estamos viviendo. Ud. y yo, y todas las personas que viven de su trabajo honrado y que no codician los bienes ajenos, vivimos en un clima permanente de inseguridad.

La segunda razón que explica la causa de esa evolución es que ahora el crimen no sólo goza de impunidad legal, sino también de impunidad social. De hecho, concomitantemente a estas leyes indulgentes, ha crecido en el País un ambiente de permisivismo en todos los campos, erosionando desde la fidelidad conyugal, hasta la honradez en la vida profesional, pasando por la disciplina en los colegios y la autoridad de los padres en la familia.

Ahora, así como en un jardín que tiene un ambiente propicio para que crezcan las plantas, si no hay quien arranque o pode las malezas, naturalmente ellas toman cuenta de todo, así también en la sociedad, cuando no se cohíben las malas pasiones y se permite un clima de desprestigio de la autoridad, la del padre y la madre en el hogar, la del profesor en el colegio, la del carabinero en la calle, la del adulto junto a los jóvenes, etc, etc. irremediablemente la maleza de la delincuencia domina el jardín de la vida social, pues encuentra el ambiente propicio para desarrollarse y ninguna oposición. Tenemos el mal ejemplo de algunos países de nuestro continente que son hoy día rehenes de violentísimos carteles de droga y de bandas delincuentes, y cuyas autoridades se muestran incapaces de erradicarlos.

Y el problema es que cuando todavía es tiempo de atajar el proceso y algunos políticos quieren hacer nuevas leyes para combatir la delincuencia, necesariamente más estrictas, el ambiente social ya está tan relajado que cualquier norma parece un abuso, y no faltan otros políticos supuestamente “progresistas” que rechazan tales iniciativas apelando al respeto de los derechos humanos de los delincuentes.

Así las cosas, el problema se vuelve de difícil solución o prácticamente insoluble. Bien afirmaba hace pocos días el Alcalde de una Municipalidad de la Región Metropolitana, que no era necesario estar pensando en una nueva Constitución para poner fin a esta onda de delitos, que bastaba poner en ejecución las leyes que ya existen.

Por su parte el presidente de la asociación de municipalidades de Chile, Mario Olavarría, afirmó en reunión con el Ministro del Interior; “Hay un clima de violencia desbordada”

Es verdad, sin embargo, para solucionar efectivamente los vicios morales que están en el origen del robo y del desborde de la violencia, el único y verdadero camino es la promoción de la virtud que le es opuesta, o sea la honradez.

La virtud de la honradez es aquella por la cual no queremos para nosotros sino aquello que nos pertenece en justicia y obramos rectamente para alcanzarlo.

A su vez, el hombre honrado es humilde, él no quiere estar apareciendo sino como es; y, por lo tanto, no se le pasa por la cabeza estar robando a otro lo que le pertenece para poder figurar delante de los demás.

La honradez y las demás virtudes son propias de una sociedad verdaderamente católica. Cuando falta la Fe y cada uno sólo piensa en sus propios intereses, brotan los vicios que comentamos. Máxime cuando son azuzadas las pasiones del orgullo y de la envidia con prédicas revolucionarias de lucha de clases.

Una buena medida para combatir la delincuencia es comenzar en la propia casa educando a los hijos y nietos a respetar las autoridades que tienen a su alrededor. Habrían muchas más medidas para combatir eficazmente el clima de impunidad del desorden, pero esas las dejamos para un próximo programa.

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