Alta Comisionada, Derechos Humanos y Venezuela

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Estimado radioyente

Si Ud. se da la molestia de entrar a la página web de la Oficina del Alto Comisionado de DDHH de la ONU, y va al ítem “¿Qué hacemos?”, encontrará la siguiente respuesta: “La Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos dirige los esfuerzos globales en materia de derechos humanos y actúa objetivamente ante los casos de violaciones de derechos humanos en el mundo. (…) Procuramos garantizar la aplicación de las normas internacionales de derechos humanos a través de una mayor implicación en los países y de nuestras presencia en el terreno”.

Hermosa declaración de intenciones, pero, como se sabe, hasta el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. No bastan las palabras, pasemos ahora de los dichos a los hechos.

Resulta que Venezuela es una nación donde se están violando los DDHH de la población desde hace años. La sociedad está reducida a un estado de miseria y faltan los elementos más indispensables para la sobrevivencia. Los hospitales no tienen los elementos básicos para atender a los necesitados. La inflación llegó a más de 10.000.000%, cifra nunca vista en ninguna nación civilizada. La emigración alcanza a cerca de 3.000.000 de venezolanos, hay quien diga que es aún mayor. Las muertes por violencia fueron de 23.407 casos en el 2018, lo que implica una media de 81,4 por cada 100.000 habitantes, más del doble que Honduras (uno de los más altos índices de violencia), con el agravante de que muchas de esas víctimas han sido menores de edad asesinados por la represión gubernamental. La tortura física y psicológica es un instrumento habitual del dictador de Venezuela.

¿Qué ha hecho en estos últimos días este “Alto Comisionado” dirigido por la Sra. Bachelet frente a esta situación?

Dos cosas: Primero, su portavoz, el Sr. Colville, declaró que Bachelet fue invitada hace varias semanas para visitar el país, pero que ella juzga que no están las condiciones para que se realice un viaje de ese tipo. Segundo, otra portavoz, la Sra. Hurtado, hizo un llamado al Gobierno de Maduro para que garantice la labor de los periodistas, “sin restricciones ni acosos”.

¡Eso sería todo!

¿Ud. cree que la Alta Comisionada procedería de igual manera si el 50% de lo que ocurre hoy en Venezuela estuviera sucediendo en Corea del Sur o en Taiwan? ¿O si el Gobierno en cuestión no fuera aliado de la admirada Cuba y dirigido por su amigo el propio dictador Maduro?

¡No!; el papel que está desarrollando la ex presidenta de Chile en su cargo de Alto Comisionado de los DDHH es una verdadera vergüenza internacional y un oprobio para los derechos de los venezolanos.

En el mismo momento en que la inmensa mayoría de los países de las tres Américas, de Europa, y del resto de las naciones civilizadas (con excepción de los regímenes dictatoriales de China, Rusia, Turquía y Siria y sus satélites), exigen la convocación a nuevas e inmediatas elecciones, la Alta Comisionada, Sra. Bachelet se obstina en hacer creer que el verdadero presidente es Maduro y en desconocer la sistemática violación de todos los derechos de las personas en esa infeliz nación.

El problema pasa más allá de la propia Comisionada. La actitud de este organismo compromete la autenticidad de su misión y de lo que ella entiende por DDHH.

En efecto, si delante de las más clamorosas razones para condenar la violación de los DDHH, la Alta Comisión no lo hace, la pregunta que surge en todo el mundo es: ¿qué sentido tiene un organismo financiado por todos los países cuando éste se omite tan clamorosamente de cumplir su cometido?

Y, sumado a la anterior pregunta, se levanta otra: ¿cuál es el concepto de derechos humanos que tiene un organismo que cuando se destruyen todas las instituciones de una nación, sólo emite una declaración llamando al respeto por el libre ejercicio del periodismo?

En realidad desde la proclamación de los derechos humanos por parte de las Naciones Unidas en 1948 hasta el presente, la preocupación de este organismo ha ido evolucionando y concentrándose en la tarea de garantizar el libre ejercicio del aborto, las reivindicaciones de género, la aprobación del matrimonio homosexual, y un largo etc. que incluye todo tipo de libertinajes y de comportamientos anti naturales.

Es lo que ocurre fatalmente cuando se separan los derechos de la creatura de las leyes del Creador.

Es lo que enseña el gran Doctor de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino: “una ley, para que sea tal debe estar en estrecha relación con la ética y en conformidad con el derecho natural”.

Es decir, de nada sirve hablar de derechos humanos si ellos no están en conformidad con la moral y el derecho natural, pues entonces ya no se están defendiendo los verdaderos derechos de las personas, sino sus caprichos justificados por una ideología falsa.

Por ejemplo, el Comité de la ONU para vigilar el cumplimiento de la convención para la eliminación de las discriminaciones contra la mujer afirma, contrariando la propia convención: “Los Estados Parte deben legalizar el aborto al menos en casos de violación, incesto, amenazas contra la vida y/o la salud de la madre, o en casos de severa malformación fetal. … Los Estados Parte deben eliminar también las medidas punitivas para las mujeres que se someten a abortos”

Es decir, el derecho de nacer vale sólo para algunos felices niños. Los otros, por ejemplo aquellos que tienen alguna discapacidad, podrán ser pasados por la navaja del médico abortista.

Otro ejemplo fue dado por el Comité de Derechos Humanos de la ONU que publicó el 1 de noviembre de 2018 una propuesta de nueva interpretación del “Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos” en el sentido de que los Estados permitan que los profesionales médicos faciliten el suicidio asistido de adultos enfermos que deseen morir.

Se habló de este desvío intelectual y moral durante una conferencia organizada por la Fundación Ratzinger en la Universidad Libre María Santísima Asunta de Roma, en la cual el destacado jurista italiano, profesor Sr. GIUSEPPE DALLA TORRE, declaró: “Hay una degeneración de los Derechos humanos porque la ley debe ser un instrumento para garantizar la justicia en las relaciones interpersonales. Pero en este caso, los derechos se usan como instrumento de presión sobre los más débiles”.

***

 

Todo lo anterior crea una situación grave para el futuro de la convivencia internacional. La pérdida de confianza y credibilidad en un organismo que se atribuye abusivamente el papel de controlador del respeto a mandamientos injustos que él mismo impone, lo trasforma en una entidad de mero aparato.

Y, cuando ya nadie más le crea a las Naciones Unidas, su razón de ser estará definitivamente terminada.

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