Agradecimientos a carabineros y bomberos

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Estimado Radioyente:

Ud. quizá por experiencia propia debe haber constatado que una de las virtudes más difíciles de practicar es la de la gratitud. El Evangelio nos cuenta el caso de los diez leprosos sanados por Nuestro Señor, de los cuales sólo uno volvió para agradecerle el milagro.

No queremos caer en la misma falta y por eso consagramos este artículo a las dos instituciones que se han destacado por su capacidad de enfrentar la adversidad con valentía y constancia. Nos referimos a Carabineros de Chile y Bomberos.

Los primeros, contra viento y marea, incomprensiones y persecuciones mediáticas están intentando mantener el orden público.

Los segundos, bajo amenazas de los incendiarios apagan las llamas de las incontables iglesias, lugares públicos, Metros y buses donde el odio ha encendido el fuego y los elementos aceleradores de la destrucción.

Unos y otros están arriesgando su integridad física en el cumplimiento de su deber. Siendo que, en el caso de los bomberos, tal riesgo es sólo a título honorífico pues no reciben ningún sueldo por el desempeño de su arriesgada misión.

Por su parte los Carabineros, con su lema “Patria y Orden” representan exactamente lo contrario de lo que intentan los destructores: el desorden y la internacional comunista.

Los carabineros también lo hacen por un ideal, pues sus sueldos y beneficios distan mucho de estar en proporción de lo que arriesgan día a día. Baste pensar en las dos carabineras “incendiadas” en el rostro por bombas molotov. Una de ellas declaró esta semana que no tendría ningún inconveniente de volver al epicentro de la destrucción: Plaza Italia. De los atentados que sufrieron no hubo ninguna queja por parte del movimiento feminista, “ni una menos”.

Los carabineros de la V Región, esta semana pasada, hicieron sus operativos con el himno de la institución de fondo puesto en sus vehículos. Como no podía dejar de ser, el hecho provocó reacciones adversas hasta farisaicas de la Contraloría de la República, con pseudo argumentos administrativos, como el de que solo puede ser tocado en “ceremonias y actos oficiales”, como si fuese lógico prohibir a un ejército siendo atacado a cantar el himno nacional sin las debidas honras…

Son las pequeñeces de los mediocres delante de los idealistas.

Ahora, si tanto carabineros y bomberos son aquellos que han dado la cara para enfrentar este aluvión de odio y estiércol con que el País está siendo provocado, es el caso de preguntarse: ¿cómo están siendo ellos considerados por la opinión nacional? ¿Se repite en nuestro caso la actitud de los diez leprosos?

La “revista del sábado” pasado nos proporciona un interesante reportaje al respecto de los bomberos, bajo el título de “Bomberos en la zona cero”. El reportaje en cuestión no sólo es interesante por las declaraciones de los voluntarios, algunos de ellos con décadas de servicio, que declaran no haber sufrido en todos los años en la institución ninguna circunstancia similar en odio y agresividad a la actual.

Sin embargo, ellos también constatan el gran apoyo y hasta el cariño con que son recibidos por la parte no contaminada de la población, quienes los aplauden, ayudan y protegen para el desempeño de su trabajo de extinción del fuego.

En el reportaje de prensa, uno de los testimonios de bomberos comenta que: “El fuego lo dejó atónito. Nosotros no somos quien lo determina, pero yo miraba y decía: ‘Esto no es un cortocircuito. A esto le prendieron fuego por los cuatro costados’ recuerda. Es muy difícil quemar un supermercado. Requiere de temperaturas muy altas. No es una molotov. Una molotov se va a concentrar en el lugar donde cae y lo más probable es que se apague’.

Así, dicen los bomberos, es un incendio por dentro: ‘sólo humo y vapor, uno que otro destello rojo indicando que ahí están la llamas, y el ruido incesante del crepitar de la madera, del fierro o de los vidrios que se quiebran, y esos rugidos fuertes y breves que hace el fuego cuando una corriente de aire frío se cuela desde el exterior. La fábrica Kayser en Renca, dice el bombero Maximiliano Echeverría, 29 años, ardió de ese modo. ‘Era impresionante -dice el capitán Pineda- No entendía cómo habían podido llegar a prender un edificio’. El capitán de la Tercera Compañía de Bomberos de Santiago, dice que su grupo ha visto de todo. ‘Batallas campales justo afuera del cuartel, lluvia de lacrimógenas. Escupos y patadas al uniforme. Han visto como la gente los aplaude y los vitorea en medio de las marchas. Han visto a los encapuchados amenazantes y a otros que los ayudan.’”

¿Y cuál es el porcentaje, de los que los vitorean?

De acuerdo a la encuesta Activa Research el índice de aprobación de bomberos representan el 94.4 % de la población nacional, siendo hoy por hoy la institución con más respaldo en el País.

Ahora, si la institución que intenta apagar los incendios de aquellos que los provocan es tan estimada, es porque estos últimos sólo cuentan con el apoyo del 5,6 % restante de la población.

Las matemáticas no mienten.

Podrá objetar algún oyente que no ocurre lo mismo con los carabineros, quienes están siendo duramente criticados y su respaldo público se ha visto disminuido con los hechos en comento, alcanzando sólo el 15% de acuerdo a la misma encuesta.

A nuestro eventual objetante le respondemos con una pregunta: ¿A quién llamaría Ud. si su casa estuviera siendo amenazada por ladrones o lumpen? ¿A quién extraña Ud. cuando ve el tráfico caótico por falta de semáforos? ¿En quién piensa Ud. cuando percibe que los asaltantes están en un “paraíso” por falta de represión?

Obviamente que en los Carabineros.

Y, cuando en las circunstancias difíciles se piensa en las instituciones adecuadas para solucionarlas, quiere decir que ellas son las que están mejor catalogadas en el subconsciente nacional.

El problema que se transparenta en la apreciación a bomberos y carabineros, es el papel del heroísmo y del cumplimiento del deber en las condiciones más adversas

¿Y el heroísmo? ¿No tiene también un mérito, un mérito que sería injusto no tomar en consideración, una vez que de méritos se trata?

Un bombero o un carabinero podría decir: “cuando nos enfrentamos al peligro evocamos entonces los ambientes felices donde la vida cotidiana se desarrolla entre trabajo, la oración, el estudio y el hogar. Combatimos para que las pastoras puedan continuar en paz conduciendo sus ovejas; las maestras enseñen sin preocupaciones a los niños; en los hogares las esposas tranquilas preparen todo con dedicación para el esposo que viene del trabajo; en las iglesias se rece sin perturbación por la gloria de Dios en lo más alto de los Cielos, y por la paz en la tierra para los hombres de buena voluntad. Para que los principios de justicia y de caridad, sobre los cuales todo este orden cristiano reposa, no sean impunemente violados por el enemigo agresor. Entonces nuestras almas crecen, en la proporción del ideal que defendemos. Nuestro temple se vuelve duro como el acero, y nuestro coraje más fuerte que el del incendiario o del que nos lanzaba molotov”.

En ese momento nuestro ideal lo es todo. ¡Oh, la alegría exaltante de la proeza; Oh, la grandeza sagrada, la belleza cristalina de la lucha!

Es lo que se canta en el himno de los Carabineros que tanto malestar produjo a algunos incendiarios de la V Región:  “Orden y Patria es nuestro lema, la ley espejo de nuestro honor, del sacrificio somos emblema Carabineros de la Nación.

“Si el mal acecha la paz del nido la inocencia se cobijó, vamos sin miedo tras el bandido, somos del débil el protector.

“Nuestra bandera flamea al viento como un heraldo de bienestar,      nuestros clarines son el acento con que sus dianas cantan la paz.

“Otros la vida gocen en calma, disfruten ellos dicha y solaz, nosotros vamos tras de la palma que el sacrificio nos brindará”.

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Gracias por su audición y nos volvemos a encontrar en esta su emisora semana a semana en este mismo horario.

 

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