Abatir la familia, he ahí la consigna

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Estimado radioyente

Ciertamente que Ud. coincida conmigo en la observación que  -desde hace muchos años- las corrientes llamadas modernistas -sean ellas civiles, sociales, políticas o económicas- procuran la destrucción de la familia natural y cristiana.

Sí, de la familia en singular, de la única forma de familia; aquella formada por un hombre y una mujer, que se unen para siempre con el fin de la procreación de los hijos y el apoyo mutuo entre ellos.

No desconocemos que pueda haber mucho tipo de realidades diferentes, en una sociedad donde las virtudes morales que sostienen esta institución están a la baja. Sin embargo, ello no disminuye ni pone en pie de igualdad a la familia, con las otras realidades que se conocen.

Es como la salud. Ella es el estado normal de un individuo en que todas las partes de su organismo funcionan de acuerdo a su orden propio. Podrá haber muchas variantes concretas en cada una de las personas, pero ello no altera que el concepto de sanidad siga siendo el mismo.

Uno de los atributos propios de la sanidad de la familia es el derecho prioritario que tienen los padres de familia para educar a sus hijos. Sí, de Ud. que nos oye que como padre o madre de familia intenta entregar lo mejor de sí para sus hijos y para su formación.

Tal derecho le viene de la propia naturaleza de la institución. Si el fin primordial de la familia es la procreación, su derecho y deber primero es el de alimentarlos y educarlos.

Ese derecho de patria potestad ha sido siempre mal visto por las izquierdas de todo tipo y pelaje. Desde el comunismo de la URSS donde los niños venían entregados forzosamente al Estado desde sus primeros años, para ser “formados” en los principios del Estado soviético; pasando por el nacional socialismo alemán, que arrebató a los padres y a la Iglesia el derecho de formarlos y lo pasó a las juventudes nazis, y llegando, más cercano a nuestros tiempos, al Partido Socialista Español que ya en la década de los 80’ sostenía que no había revolución sin “tomarse el alma de los niños”.

Los sucesivos gobiernos que hemos tenido en Chile aprendieron rápido la lección de sus congéneres rusos y españoles y la vienen aplicando sin pausa ni descanso desde que tomaron el poder.

Sin embargo, en estas últimas semanas hubo un aceleramiento del proceso de destrucción de la familia a través de dos proyectos de ley, para sólo hablar de ellos.

En efecto, en la sesión del miércoles 1° de este mes, el Senado aprobó, con 27 votos a favor, 13 en contra y una abstención, la idea de legislar del proyecto que regula el derecho de filiación de los hijos e hijas de parejas del mismo sexo.

Al mismo tiempo, al Proyecto de Ley de Garantías de Derechos de la Niñez, que de por sí es ampliamente cuestionable, se le sumó la indicación de incluir el derecho de los menores a participar de manifestaciones pública sin la autorización de los padres de familia.

Un golpe más contra el ejercicio de la autoridad paterna sobre sus hijos.

Al respecto de esta verdadera avalancha contra la familia y en favor de la sexualización precoz de la infancia, el Sr. Carlos Casanova,  Profesor de Filosofía de Fundamentos Filosóficos del Derecho y de Derecho Natural en la Universidad Católica, escribió recientemente.

“Nos encontramos, entonces, ante una ideología que es marxista y que, como tal, hace la guerra a toda verdad, a toda estructura de autoridad legítima y que desde el comienzo ha querido abolir la familia por medio de la invención de “derechos” de los diversos individuos que la componen. A esto se ha añadido la estrategia marcusiana de la “tolerancia represiva”. Se trata de crear un nuevo cuerpo de censura que aniquile la transmisión del cristianismo y de toda sensatez moral, bajo las vetiduras de la “tolerancia”.

“(El filósofo) Marcuse se dio cuenta de que los trabajadores ya no eran portadores de la revolución. Entonces, había que buscar a aquellos profesores y estudiantes, intelectuales, que traspasaban los límites de lo moral y entraban en el “mundo pervertido”. Éste es el sentido de la nueva pseudo-tolerancia que se ha impuesto en Occidente a sangre y fuego y con la complicidad de los principales medios de comunicación. Consiste, fundamentalmente, en una guerra a muerte contra la castidad y contra los grupos que la defiendan, porque los revolucionarios saben bien (desde la época de Platón), que la manipulación de las pasiones más bajas, el sexo y las substancias estupefacientes, es el camino para destruir una sociedad y traer la revolución”.

Hasta aquí la opinión del Profesor Casanova.

Ahora, lo que llama más la atención es que contra estas iniciativas no existen iniciativas opuestas por parte de quienes se dicen favorables a la integridad de la familia.

Tomemos como ejemplo el folleto del Prodemu (Promoción y desarrollo de la mujer) instituto dirigido por la Primera Dama. En la publicación de ese organismo que trata de los llamados Derechos sexuales y reproductivos, se detallan tales “derechos” como la práctica del amor libre, sin límites de edad y de “experiencias”, que dejaría a los soviéticos boquiabiertos.

En realidad no parece haber en el actual Gobierno ninguna voluntad seria de defender la integridad de la familia cristiana y natural. Menos la de oponerse a esta verdadera avalancha de proyectos inicuos contra los derechos de los padres.

Po eso más que nunca la salvaguarda de los hijos depende cada vez más de la propia iniciativa de los padres de familia.

Sí, de Ud. que nos oye que como papá o mamá, o quizá como abuelita tiene la tarea de formar a niños.

Corresponde a cada uno de los progenitores la transmisión de las virtudes morales a los menores de edad, porque la formación no es otra cosa que la de inculcar hábitos buenos a quienes aún pueden recibirlos y practicarlos.

Hagamos de esta tarea la principal razón de nuestra existencia. Y para ello pidamos el auxilio de quien fue la mejor formadora del mejor de los Hijos. Aquella Madre de nombre María, que formó al Hijo de nombre Jesús.

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en esta Su emisora, semana a semana o en nuestro sitio Credochile.cl donde podrá encontrar abundante información sobre éste y otros temas relacionados con la familia chilena.

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