30 años de la Caída del Muro de Berlín

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Estimado radioyente :

Si Ud. que nos oye tiene más de 40 años, probablemente se recordará que, cuando era niño,  oyó hablar de la “Caída del Muro de Berlín”.

Sobre el acontecimiento y sobre sus consecuencias la prensa escrita y oral ha dedicado en estos días mucho espacio y queremos compartirle algunos de esos análisis pues tienen bastante que ver con nuestra realidad inmediata.

EL conocido diario francés “Le Figaro”, dedicó un suplemento especialmente consagrado a este evento histórico, con la participación de destacados periodistas y académicos de esa nación.

 

“Berlín, 9 de noviembre de 1989, el día en que cayó el Muro: este es el título del número especial del Figaro para recordar, en un número excepcional por fotos y artículos, cómo fue un punto de inflexión en la historia.

“La segunda parte del suplemento consiste en “los 12 días que cambiaron el mundo”. Desde el corte de Berlín en dos (la línea de demarcación) hasta la reconciliación del 11 de noviembre de 1989.

Una tercera parte ofrece varios artículos sobre el debilitamiento del sistema soviético. Se llama “Comunismo por K.O.” bajo la firma de Henri-Christian Giraud. También recuerda las muchas causas que rompieron el sistema

Y finalmente, como en todos los números, la parte final titulada “Investigación complementaria” ofrece mucha información práctica sobre exposiciones, películas, libros, toda la actividad cultural que muestra cómo Berlín y las dos Alemanias finalmente se han encontrado.

 

De acuerdo al periodista de la Associated Press, Vladimir Isachenkov, cuando cayó el Muro de Berlín, la Unión Soviética dio un paso al costado, dejando que el gobierno comunista de Alemania Oriental se desmoronase y aceptando prontamente la unificación alemana. El presidente ruso, Vladimir Putin, ​lamenta hoy la inocencia de los líderes soviéticos.

 

La velocidad con que se produjo el cambio sorprendió al propio Gorbachov. El ex líder soviético dijo en una reciente entrevista que vio con buenos ojos los cambios democráticos en Alemania Oriental y en otras naciones del bloque, pero que no anticipó que el Muro de Berlín caería tan rápidamente. “No solo nosotros. Nuestros socios de Occidente tampoco esperaban que la historia se moviese a tanta velocidad”, afirmó al diario Izvestia.

 

Los incidentes y las grandes manifestaciones contra el muro comenzaron el 4 de noviembre de 1989, y a la mañana siguiente Gorbachov convocó al politburó del Partido Comunista para analizar la respuesta soviética. “El politburó decidió por unanimidad que había que descartar el uso de la fuerza. Algunos sin duda querían ‘restaurar el orden’ con los tanques, pero no dijeron nada en ese momento”, señaló Gorbachov.

Pavel Palazhchenko, quien era intérprete de Gorbachov por entonces, contó que “cualquier otra decisión hubiera acarreado consecuencias muy graves, podría haber sido el principio de un desastre”. En ese momento, la Unión Soviética tenía más de 300.000 soldados y unos 12.000 tanques y vehículos blindados en Alemania Oriental.

Por su parte el diario Clarin de Buenos Aires entrevista a la escritora Katja Lange-Müller, una de las voces literarias privilegiadas de Alemania y premio Günter Grass 2017, es un viaje inmediato en el tiempo a un país que ya no existe: la República Democrática Alemana (RDA). Es decir, la antigua Alemania comunista.

El colapso de esa nación pretérita (caracterizada por imponer una vida planificada desde el nacimiento hasta la muerte, por la presencia de un Estado totalitario y omnipresente que se inmiscuía todo el tiempo en la vida privada, y por la falta de variedad en la oferta de productos de consumo) sigue digitando, aunque no lo parezca a simple vista, la vida de muchos alemanes, aun a 30 años de la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989.

Bien mirado, no podía ser de otra manera. Ese día el mundo cambió de un modo irreversible: de Norte a Sur, de Este a Oeste; la caída del Muro hizo temblar al planeta. No sólo llevó a la reunificación de la entonces Alemania dividida sino también a la caída del bloque soviético. Y eso derivó en un mundo aparentemente unipolar, que ocultaba muchas rupturas y discrepancias, no ya detrás de la Cortina de Hierro, sino detrás de una aparente “Cortina de Uniformidad”.

Para entenderlo, hay que remontarse en la historia y escuchar el relato de Lange-Müller, que desmiente un dato clave: que hubiese exclusivamente un ideario de búsqueda de libertad en aquellos que se atrevieron a cruzar el Muro por primera vez en esa noche en la que todo cambió para siempre.

“También se trataba del consumo. De todas las cosas que se sabía que existían en Occidente y nunca se consiguieron en el Este –cuenta la autora de novelas como Ovejas feroces y Los últimos–. Me acuerdo de un hombre sentado en un banco de un parque a pesar del frío, que tenía un racimo de uvas gigante. Y comía una uva tras otra y le decía a su mujer: ‘No son tan ricas como en la publicidad’. O la señora que después de ver un rato largo las góndolas del supermercado con yogures y no poder asimilar la gran variedad, se decide por uno, y lo pone sobre la cinta de la caja registradora. Cuando ve que el yogur se mueve, reacciona sorprendida y lo agarra para que no se le escape.

Los alemanes del Este tenían que aprender cómo ejercer la libertad. Se sentían niños de tres años. Sentían que todo lo que habían aprendido en su vida ya no era útil.

 

Lange-Müller consiguió salir de Berlín Oriental –donde había sido sancionada por su “comportamiento no socialista”– en 1984, año en que empezó a vivir del otro lado del Muro.

A diferencia de los alemanes del Oeste, no se sorprendió cuando fue prácticamente arrancada de cuajo la temida pared divisoria que se había llevado la vida del más de centenar de personas que intentó atravesarla durante sus casi tres décadas de existencia:

“Yo sabía, obviamente, cómo era la situación en Berlín del Este: no daba más en términos económicos. Y lo mismo pasaba en la RDA y en todo el bloque socialista. El sistema estaba colapsado; la economía, agotada. La carrera armamentística de la Guerra Fría costaba muchísimo dinero y esas economías no la podían sostener. Además estaba el acuerdo de Potsdam, que establecía que el estatus de Berlín tenía que ser negociado otra vez en 1989, justo el año en que finalmente cayó el Muro. Algo tenía que pasar”.

 

Lange-Müller tampoco se sorprendió cuando sus compatriotas empezaron a decepcionarse de la vida en Occidente. “También sabía que iba a pasar eso porque había llegado antes a Berlín Occidental y tuve que aprender todo de nuevo. Tuve que aprender que tenía que ocuparme de mí misma, que el Estado ya no organizaba toda mi vida. En el Este, el Estado te regulaba todo, desde la cuna hasta la tumba: ibas a la escuela, aprendías una profesión y en esa profesión trabajabas hasta que te jubilabas. Toda la vida en una misma empresa”.

Y agrega: “Las viviendas te las daba la Oficina de la Vivienda. Cuando tus hijos tenían que ir a la escuela, te llegaba una carta que decía: ‘El niño debe ir a tal escuela a partir de tal día’. Y, de pronto, tras la caída del Muro, del día a la noche, tenías que ocuparte tú misma de todo. Y también debías decidir qué hacer, que era algo que naturalmente superaba a muchos”.

***

Hasta aquí algunas declaraciones de quienes han estudiado y vivido el régimen que representó en su etapa final el dictador Hoenecker. El mismo que al ver desmoronarse como castillo de naipes el inmenso aparato destructor de la sociedad alemana libre, terminó huyendo a Chile y acabando sus triste días en Santiago.

Quizá el lector encuentre muchas coincidencias entre lo descrito en estos análisis periodísticos y lo que estamos viviendo en Chile.

Si así le parece, no se olvide que hubo una señora chilena que vivió, estudió y creció en medio de ese país, y que posteriormente fue presidente de Chile en dos ocasiones. Consultada su madre, si ella había notado en esos años algo extraño en el modo de vivir y en la constante persecución, delación y adoctrinamiento marxista, respondió que ella no había notado nada extraño y que estaba muy agradecida por lo que ellos habían recibido.

Las consignas de los recientes actos vandálicos en Chile y lo que hemos resumido en este programa, son, por supuesto, meras coincidencias.

Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en wwwcredochile o en esta SU emisora, semana a semana.

 

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