Los inocentes útiles y el comunismo: una realidad histórica aún válida para nuestros días

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Inocentes útiles: clérigos, burgueses y políticos que no atacaban al comunismo, pero mantenían un incesante diluvio de difamaciones contra las organizaciones anticomunistas

 

Los inocentes útiles eran adiestrados para borrar la noción de la nocividad del comunismo y de su importancia como peligro próximo para cada país.

Inocente útil era de preferencia un clérigo de apariencia conservadora, un tranquilo y despreocupado burgués, un político que se diría absorbido enteramente en los tejemanejes a-ideológicos de la politiquería. Y así sucesivamente. Ninguno de ellos veía, en los mass media , ni siquiera lo poco que éstos venían difundiendo sobre las llagas internas del régimen comunista; ni percibía el avance de la ofensiva roja en la vida interna del país; no temía para el día de mañana un golpe comunista y, menos aún, una victoria comunista; vivían tranquilos y esparcían a su alrededor la despreocupación.

Todo esto implicaba que se crease en torno del anticomunismo un clima de prevención y desdén, simétrico y opuesto al clima de simpatía y confianza que su propia inocencia, tan raramente sincera, constituyó en beneficio del comunismo.

El comunismo jamás se abstuvo de aprovechar también la colaboración de los estultos, de quienes la Escritura dice “infinitus est numerus” (Eccles. 1,15) en el común de la humanidad y “quorum parvus est numerus” en las filas rojas.

Nótese bien que, en la mayoría de los casos, los inocentes útiles no tomaban la iniciativa de hablar contra las personalidades o grupos anticomunistas, porque preferían ignorarlos sistemáticamente.

Sin embargo, cuando en algún círculo, alguien atribuía a este o aquel personaje o grupo anticomunista un hecho que los desluciese, el inocente útil era el que más apresuradamente creía en el hecho, más se indignaba con él, más frecuentemente tenía algún pormenor (verosímil o inverosímil) para  “confirmarlo”.

Por el contrario, si alguien, en el mismo círculo, contase algo que desprestigiara a un personaje o grupo comunista, el inocente útil, munido de las dudas sistemáticas de un método de análisis benévolo, inmediatamente aducía circunstancias atenuantes en favor de la inocencia del incriminado, se desolaba con el riesgo de que investigaciones policiales desproporcionadas conmoviesen la tranquilidad de las familias de las personas en cuestión, etc., etc. En todo ello podría haber cierta dosis de equidad y de sentido común, pero, sobre todo, de bellaca y bien disfrazada parcialidad en favor del comunista. Lo anterior se hace evidente tomando en consideración que el inocente útil tenía todos estos ademanes azucarados sólo en favor de personajes y grupos de izquierda, y absolutamente nunca en favor de personajes de derecha.

En toda esta conducta, el habilidoso inocente útil jamás tenía una palabra en pro del comunismo, lo cual era indispensable para su acción. Si elogiase en algo al comunismo despertaría sospechas, dejaría de parecer inocente y, en consecuencia, de ser útil.

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Fte.

Plinio Corrêa de Oliveira; “Comunismo y anticomunismo
en el umbral de la última década de este milenio”. Publicado en la “Folha de S. Paulo” (11-2-1990), “Wall Street Journal” (27-2-1990), “Corriere della Sera” (7-3-1990) en un total de 50 grandes diarios en 20 países del mundo libre en febrero y marzo de 1990.

 

 

 

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