Zapato chino

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La tasa de inflación de agosto superó con creces las expectativas de los analistas y se mantuvo por sobre el rango meta del Banco Central. También la inflación subyacente, un indicador más estable que el IPC, que ascendió en forma prácticamente continua desde un 1,5% anual en febrero de 2013, a un 5,1% anual en febrero de este año, se mantuvo en este último nivel. Esta trayectoria inflacionaria, junto con el magro crecimiento económico, colocan a nuestras autoridades económicas en un zapato chino.  

La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria -pero no suficiente- para que un país pueda crecer a tasas elevadas. En las últimas décadas Chile se ganó -justamente- la reputación de ser uno de los países de mejor política macroeconómica. Lo hizo basando su política fiscal y monetaria en el respeto a dos simples reglas.  

De acuerdo a la primera de estas normas, el gobierno debe tener un balance fiscal estructural, y acorde con la segunda, el Banco Central -autónomo- debe mantener las variaciones del IPC entre un 2% y un 4% anual (computadas bianualmente).

En la práctica, y enfrentados a eventos como la Gran Recesión y el terremoto de 2010, los gobiernos de turno relajaron la regla fiscal. El actual gobierno, en vista de la desaceleración de la economía -tanto por el fin del ciclo de materias primas, como por el impacto del programa de reformas sobre la inversión privada- cometió el grave error de suspender (transitoriamente) el prometido programa de reducción del déficit fiscal estructural, y aumentar violentamente el gasto fiscal (en un 10% este año). Está por verse si las condiciones políticas imperantes permiten que se restaure la perdida disciplina fiscal.

En materia monetaria, y frente a la desaceleración económica iniciada hacia fines de 2013, el Banco Central aplicó una política relativamente expansiva (la cantidad de dinero ha estado creciendo a una tasa cercana al 10% anual).  No obstante, y a pesar de que el crecimiento del PIB observado es inferior al potencial, tal política no se tradujo -por la desconfianza ambiente- en los deseados aumentos de la demanda agregada real.  

En cambio, por diversos motivos -entre ellos el mismo fuerte aumento del gasto fiscal- se produjo una significativa devaluación del peso, que se trasmitió a precios. Y este proceso ha sido lo suficientemente persistente -sin que haya habido hasta ahora cambios en la política del Banco- para empezar a desanclar las expectativas inflacionarias. Sería fatal que este último proceso se intensificara.

El gobierno y el Banco Central se enfrentan a una encrucijada. Si para restablecer condiciones macroeconómicas que permitan volver a crecer más adelante, reducen significativamente la tasa de aumento del gasto fiscal y suben la tasa de política monetaria, es posible que el país entre transitoriamente en recesión. Si no lo hacen, comprometen en buena medida nuestro futuro económico a mediano, y quizás a largo plazo.

http://voces.latercera.com/2015/09/11/rolf-luders/zapato-chino/

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