Utopía y realidad

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Un alto porcentaje de la población chilena, hoy en edad de votar, aún no había nacido en 1973 y por eso tiene escasa conciencia de los cambios socioeconómicos que dieron origen al modelo chileno.  (…)

Tenemos datos que permiten comparar, como corresponde, los resultados de nuestra economía social de mercado, no con una utopía, sino con una economía mixta real, operando en el mismo país. Así, en 1830 nuestro PIB per cápita fue de un 35% de aquel de los EEUU, relación que luego tomó valores de 50%, 26% y 35% en 1910, 1970 y 2012, respectivamente  (EHClioLab).

Las tendencias implícitas son muy similares si nos comparamos, en vez de con EEUU, con el resto del mundo o con Europa. Pues bien, y como lo muestran los datos citados, entre 1810 y 1910, con una economía de mercado abierta al comercio internacional, nuestro PIB per cápita convergió hacia aquel de los EEUU, tal como lo está haciendo ahora aún con mayor rapidez. En cambio, entre 1910 y 1970, cuando el Estado pasó a tener un rol protagónico en materia económica, el comportamiento de nuestra economía fue definitivamente muy pobre. De hecho, resultó ser una de las causas determinantes del quiebre institucional que experimentamos en 1973.

Se argumentará, con razón, que el crecimiento económico no es todo.  No obstante, fue el crecimiento que tuvimos el que explica en mayor medida la reducción de la pobreza desde un 94% de la población en 1850, al 29% en 1990, y al 14% en la actualidad (Leandro Prados de la Escosura, Casen). Lo logró hacer por su efecto sobre el empleo y los salarios, y por los recursos que generó para financiar gasto social.

Chile históricamente ha tenido una distribución del ingreso relativamente desigual, independiente del modelo en boga. No obstante, datos recientes sugieren una caída muy significativa del coeficiente Gini de los ingresos monetarios, desde un 0,58 en el 2000, a 0,35 en el 2011, reflejo de una distribución de los ingresos más igualitaria de las generaciones recientes (Urzúa, Sapelli). Esto coincide con un notorio aumento de la movilidad social, que es lo que realmente importa en esta materia.

La economía social de mercado, caracterizada por un alto grado de libertad económica y un rol subsidiario del Estado, ha probado ser, no sólo en Chile, sino también en el resto del mundo, un sistema plenamente compatible con la libertad individual, que simultáneamente genera un elevado grado de bienestar material.

No ha sido casualidad que el País, después de un siglo XIX relativamente exitoso en materia económica, pasó a la más absoluta mediocridad, y luego, después de cuatro décadas de esfuerzo bien orientado, a liderar a la América Latina en esta materia. Nuestra propia experiencia sugiere que si llegáramos a optar por la utopía, no tendremos ni crecimiento ni igualdad.

http://diario.latercera.com/2013/05/10/01/contenido/opinion/11-136405-9-utopia-y-realidad.shtml

 

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