Un promedio, diversas realidades

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“La distribución de ingresos de Chile hoy guarda cercana relación con una desigual distribución de oportunidades en el pasado. En otras palabras, la desigualdad que observamos no es fruto de la meritocracia…”   28 de mayo de 2013        Andrea Repetto

Hace unos tres años publiqué una columna en un medio digital que titulé “Desarrollo al Chilean Way”. El objetivo de la columna era contrastar las exitosas cifras de ingreso per cápita del país con la no tan feliz realidad de nuestra distribución del ingreso. Asumiendo el riesgo de pecar de repetitiva, he decidido usar este espacio para insistir en este punto y reiterar, con un ejercicio ilustrativo, lo que significa la desigualdad en Chile en la puerta del desarrollo.

Chile es un país de realidades muy diversas. Por un lado, si medimos nuestro nivel de desarrollo en función del ingreso per cápita, estamos bastante cerca de alcanzar a los países más pobres del grupo de los más ricos, y con ello entrar al selecto club de las economías avanzadas. Si bien no sabemos con razonable certeza aún cuántos chilenos somos, de acuerdo con las estadísticas del FMI, Chile ostenta un PIB per cápita, corrigiendo por el costo de la vida, en torno a los US$ 18 mil. Como referencia, Portugal, que es una de las economías de menor ingreso entre las desarrolladas, exhibe un nivel alrededor de los US$ 24 mil.

Por el otro lado, sin embargo, los índices de desigualdad muestran que esta media la alcanza sólo una minoría. El gráfico ilustra este contraste (…)

Las diferencias son evidentes. Si bien en el gráfico ambas economías son idénticas en promedio, en una el 20% más pobre vive con un ingreso per cápita en paridad de poder de compra de casi US$ 7.400 al año, mientras que en la otra sólo con US$ 4.800; o sea, por ahí cerca del estándar del Congo o Vanuatu.

(…) En otras palabras, con nuestra actual distribución del ingreso, sólo el quintil más rico vive con un ingreso promedio superior al per cápita. En cambio, con la distribución de Portugal, el promedio y la mediana están sustancialmente más cerca entre sí.

(…) La distribución de ingresos de Chile hoy guarda cercana relación con una desigual distribución de oportunidades en el pasado. En otras palabras, la desigualdad que observamos no es fruto de la meritocracia, una en la que quienes más se esforzaron lograron los primeros puestos de una carrera justa. Lejos de eso. Es por ello mismo que compensar en algún grado esta desigualdad parece de toda justicia, para así lograr un desarrollo más auténtico.

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/05/28/12122/Un-promedio-diversas-realidades.aspx

 

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