Repetir sin descanso

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DSC31311Marily Lüders: “Se nos olvida que, hace 30 años, el 45% de los chilenos era pobre; hoy lo es el 14%. Hay mucho por superar, pero no hay por dónde sostener ese cuento romántico de un Chile “justo” abatido por un modelo que da la espalda a los más necesitados…”

Hay un pudor en repetir, como si insistir en un punto fuera por falta de ideas y no por convicción. Pero volver sobre lo mismo o destacar una vez más la misma cifra no revela siempre que no haya otras más novedosas, sino simplemente que se estima ésta muy buena o relevante. Sin embargo, repetir debe ser, lejos, la táctica comunicacional más eficaz en estos tiempos en que vivimos bombardeados de información.

Qué mejor prueba que el paquete de consignas que se han instalado en la sociedad chilena en los últimos años: “La educación chilena es pésima”, “Somos el país con la peor desigualdad del mundo” y la demonización del lucro en todas sus formas. Una y otra vez se han reiterado en lienzos, entrevistas, conversaciones y Twitter, y muchos las reproducen como mantras, pese a que omiten que según las últimas pruebas internacionales (PISA, Timss) la educación chilena ha mejorado más que en países similares, y que diversos estudios muestran que la distribución del ingreso en las generaciones más jóvenes es mejor que en las más viejas.

A quienes creemos en la importancia de defender la libertad individual, el valor del trabajo como vehículo para salir de la pobreza y el derecho de elección de los padres en la educación de sus hijos nos falta repetir estos conceptos una y otra vez con fuerza. Hay algunas evidencias clave en la defensa de lo anterior que no han permeado bien en el debate. Tres de ellas me parecen especialmente relevantes.

Primero, la pobreza estuvo estancada por décadas y solo empezó a caer drásticamente a partir de mediados de los años 80, de la mano de un “modelo” que ahora, dicen, “no funciona”. Se nos olvida que, hace 30 años, el 45% de los chilenos era pobre; hoy lo es el 14%. Hay mucho por superar, pero no hay por dónde sostener ese cuento romántico de un Chile “justo” abatido por un modelo que da la espalda a los más necesitados.

Segundo, casi 80% de los chilenos que han salido de la pobreza desde 1990 lo ha hecho gracias al empleo y no a ayudas estatales. Este cálculo, confirmado por varios estudios, permite afirmar que el impacto en la calidad de vida de una familia que se mantiene por cuenta propia es imbatible, aun cuando hay ciertos grupos muy vulnerables que el Estado debe apoyar.

Y tercero, son los padres chilenos (y no las autoridades de turno, como se dice) los que están eligiendo la educación particular subvencionada: en 1990, el 32% estaba matriculado en ellos. Hoy lo está más del 53%. Las familias chilenas se alejan de los colegios municipales sin que el “argumento” del lucro los frene. Marily Lüders.

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