Reforma tributaria y desigualdad

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Blog de Rodrigo Castro, economista

El Gobierno despejó parte de la incertidumbre presentando una reforma tributaria que apunta a conseguir múltiples objetivos. Entre estos están el aumento de la carga tributaria, introducir nuevos mecanismos de incentivos al ahorro y la inversión, disminuir la evasión y elusión y mejorar la distribución del ingreso. En un escenario donde el dilema de más o menos Estado está más presente que nunca, surge la reforma tributaria como el último bastión que reduciría la desigualdad de ingresos en nuestro país. Lamentablemente, la evidencia empírica no permite asegurar que este último objetivo sea alcanzable en el corto plazo.

En primer lugar es importante recordar los cambios que ha sufrido la estructura del sistema impositivo. En éste se aprecia una pérdida de importancia relativa de lo que se recauda por impuestos indirectos y el creciente peso relativo de los impuestos directos a los ingresos personales y corporativos. Lo anterior ha generado un retroceso en términos de eficiencia económica y productividad. Esto se explica porque los impuestos al ingreso son los que generan mayores costos por menor ahorro, inversión y crecimiento, pero también por un menor aumento en el empleo y los salarios reales.

En cuanto al impuesto a las empresas, la evidencia empírica sugiere que el aumento de este tributo afecta negativamente la inversión y el stock de capital. Más aún, todo indica que un mayor impuesto a las empresas y la eliminación del FUT tiene un efecto asimétrico, perjudicando en mayor medida a aquellas empresas de menor tamaño, más endeudadas y con menor acceso al crédito. En este contexto no es evidente que el mecanismo de depreciación instantánea sea aquel que compense el mayor costo de capital que las pymes deberán asumir.

Ahora bien, desde fines de la década del 90 se conoce evidencia empírica que asegura que las alzas de impuestos no han mejorado la distribución del ingreso en nuestro país. Durante ese período el coeficiente Gini incluso empeora marginalmente después de una reforma radical a la estructura impositiva.

Con todo, el desafío de este gobierno está en su capacidad para mejorar la focalización del gasto social. Aunque se han logrado avances significativos en este frente, es claro que se puede hacer mucho más. En efecto, éste podría ser aún más redistributivo y eficiente. A modo ilustrativo se puede diseñar una reasignación virtual del gasto social sin pensiones de aquella parte que hoy está valorizada por la Casen 2011. Se debe recordar que el gasto social representa un 69% del gasto público y un 67% de éste se focaliza a través de los subsidios monetarios (focalizados) y los subsidios de salud y educación (universales). De esta manera, un 33% de éste se puede refocalizar en el 40% más pobre. Así, el ingreso mensual por hogar (la suma del ingreso autónomo, subsidios monetarios y subsidios de educación y salud) del 20% más pobre se podría aumentar en un 58%. Aunque el impacto del gasto social mejora la razón entre el 20% más rico y el 20% más pobre de 12,3 a 6,3 veces cuando se incluyen las transferencias focalizadas y universales que entrega el Estado, esta diferencia disminuye 3,7 veces cuando el gasto social se focaliza de la manera sugerida.

http://voces.latercera.com/2014/04/08/rodrigo-castro/reforma-tributaria-y-desigualdad/

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