Los niños-hombres de los jardines en las poblaciones

0 408

El Gobierno anunció el proyecto de obligatoriedad de kínder, pero en los sectores más conflictivos de Chile eso puede ser demasiado tarde. “Sábado” recorrió los jardines infantiles en zonas de influencia de narcotráfico y encontró a niños de tres años que juegan a los cuchillazos, celebran las balaceras y odian a los carabineros, y vio la labor de las educadoras que tratan de integrarlos al sistema.

(…) El curso, un medio menor de quince alumnos, tiene que ordenarse en un círculo:

– Alvarito, ¿me ayudas a mover las sillas? – le pregunta una tía.

– No.

(…) Alvarito no parece arrepentido. Retoma el teléfono y después recoge un juguete y se lo tira por la cabeza a otro compañero, comienza a romper el decorado de la sala y trata de botar un diario mural con fotos de las familias del curso.

A otro niño derechamente le pega: no rasguños o empujones, dos puñetazos directamente en la cara. Sabe pelear como en la calle: azota con rapidez y se retira. En los días malos va más allá: amenaza con matar a los compañeros, se envuelve el brazo en un polerón y simula una pelea cuerpo a cuerpo a cuchillazos. “Como en la Peni”, dice. Alvarito tiene tres años y dos meses.

(…)Ya en el jardín, con más independencia, su comportamiento fue aún peor, siempre enfocado en su maltrato hacia las mujeres: golpeaba a sus propias compañeras e insultaba a las funcionarias, de la directora para abajo. Como en cada caso, el jardín comenzó a poner atención en el entorno del niño. Pedro Loncomil, su padre, de origen mapuche, tiene un puesto de venta afuera del metro Los Quillayes y el fin de semana vende en el persa del sector. Viven a pocas cuadras del jardín, en un pasaje con presencia de tráfico y delincuencia, pero nadie de su círculo familiar inmediato aparecía asociado a eso. Sí detectaron, a través de terceros, la presencia de violencia familiar entre sus dos padres.

(…) En el jardín decidieron hacer a los Loncomil parte de la situación de su hijo: cada vez que él perdía el control, su mamá tenía que ir al jardín. Ella no sabía cómo tratarlo. Una educadora recuerda que para intentar tranquilizarlo, una vez le mostró un encendedor, a modo de amenaza. (…) Su papá está preso. Tiene ocho condenas en su contra y una investigación en vigencia. Su mamá es una consumidora de pasta base. También ha sido detenida. Ingresó a la red de Jardines Integra a principios del año pasado, en el Mariano Puga, de la Legua Emergencia.

(…) El fenómeno es nuevo en Chile. Por el aumento en la cobertura en educación preescolar, de 30 por ciento en 2003 a un 47 por ciento el año pasado, comenzaron a llegar a los jardines niños que antes simplemente no asistían: el crecimiento se concentró en el quintil más pobre.

Sergio Domínguez, director ejecutivo de la Fundación Integra, que administra más de mil jardines gratuitos en todo Chile y que acogió el caso de Alvarito, cree que la cobertura no es lo más relevante para explicar estos casos. “El entorno ha empeorado notoriamente: la consolidación de conos periféricos masivos, con presencia de narcotráfico visible, violencia, familias ausentes, ése es el enemigo que tenemos. Es otro tipo de pobreza. La cobertura sola no explica ni soluciona nada; son sólo edificios. Nosotros tratamos de romper con el concepto que somos una guardería, y en las zonas más conflictivas hemos puesto igual énfasis en trabajar con la familia del niño. Si no hay eso, es muy difícil tener resultados. El anuncio de kínder obligatorio del Gobierno es muy valioso, un gran paso, pero en este tipo de casos, la intervención tiene que ser antes. Kínder es muy tarde”.(…)Rodrigo Fluxá N.

http://diario.elmercurio.com/2013/06/29/el_sabado/el_sabado/noticias/425D4194-79D5-4256-A604-B78CBB5AAD9A.htm?id={425D4194-79D5-4256-A604-B78CBB5AAD9A}

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.