La verdadera figura de la educación privada odiada por el gobierno

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Los sueños de mi madre

“Esta humilde escuela de San Ramón se transformó en uno de los mejores colegios del país desde 2000 en adelante, al punto de haber alcanzado el primer lugar nacional en 2012 y 2013 en la prueba Simce … Hoy, está en serio peligro gracias a los proyectos de ley impulsados por el Gobierno…” Sábado 28 de junio de 2014

 

Hace más de 50 años, mi madre, María Gatica Ramírez, fundó la escuela particular subvencionada Nº 74 Francisco Ramírez, en honor al abuelo que de ella se hizo cargo en orfandad. En una época de escasa cobertura escolar, su espíritu humanista la motivó a colaborar con las necesidades educativas del país, eligiendo la comuna de San Ramón.

Sola en Santiago a los 19 años, se mantuvo haciendo clases particulares de castellano. Lejos de la caricatura de gran inversionista, supervisó personalmente el levantamiento de una modesta sala de clases, pagándoles a unos maestros con lo que no tenía. Mi hermana y yo crecimos bajo el relato de que la inteligencia no es privativa de ningún estrato socio-económico, que la educación de la nación es fundamental para el perfeccionamiento del sistema democrático, y que el esfuerzo personal es capaz de imponerse a la adversidad.

Gracias a la filosofía de su fundadora, a un proyecto educativo sin complejos, a un equipo directivo de excepción y a un extraordinario equipo de profesores, esta humilde escuela de San Ramón se transformó en uno de los mejores colegios del país desde 2000 en adelante, al punto de haber alcanzado el primer lugar nacional en 2012 y 2013 en la prueba Simce, sin distinción de estrato socio-económico ni dependencia. Se ha impuesto en innumerables ocasiones, entre otros al colegio donde estudió el actual ministro de Educación y el pasado Presidente de la República.

Sin embargo, su riqueza ciertamente no radica en una métrica perfectible, sino en el ambiente único que crea una verdadera mística interna. Nuestro colegio no solamente ha formado profesionales de las más prestigiosas universidades del país, sino que, además, personas íntegras. Reglas claras, compromiso institucional, sana disciplina interna, autoestima a toda prueba, el valor de la autodeterminación y un emocionante involucramiento de los padres han dado genuino sentido a la formación de niños que día a día desafían exitosamente un ambiente externo muchas veces adverso.

Muchas personas suelen preguntarnos por la fórmula. Más allá del pudor propio de sentir la atribución de un mérito ajeno, la respuesta es que cada estamento interno es responsable frente al resto de hacer su trabajo. Un marcado liderazgo directivo, cristalizado en la supervisión colaborativa del trabajo docente; el cuidado de los profesores en relación al logro de las metas curriculares; clases que duran efectivamente 45 minutos; profesores competentes, genuinamente interesados por el aprendizaje de sus alumnos. Orden y cariño.

Por todas estas cosas, el colegio ha construido un prestigio nacional que enorgullece y emociona a toda la comunidad escolar; ha sido visitado por todos los ministros de Educación (a excepción del actual) desde 1990 a la fecha, y también por Presidentes de la República. Ha sido asimismo objeto de estudios internacionales y, en general, de asombro, curiosidad y admiración.

Hoy, está en serio peligro gracias a los proyectos de ley impulsados por el Gobierno. El eslogan de “todo seguirá igual, pero gratis”, es falso. Los diseñadores de los proyectos lo saben. Más allá de que las supuestas “salidas” del segundo proyecto no son operativas, y de que en general adolece de severos vicios de constitucionalidad (varios de ellos públicamente asentados), el punto es otro: la Escuela Francisco Ramírez, así como miles de otras comunidades educativas, no acepta someterse a un interés ideológico carente de fundamento técnico, cuya imposición, en los términos actuales, implicará sacrificar el futuro de los actuales alumnos de los buenos colegios particulares subvencionados.

Hace unos días, explicamos el proyecto de ley a los padres y las razones por las cuales, en sus términos actuales, no nos es posible seguir adelante, y les preguntamos si les interesaba la supervivencia del colegio. Moleste a quien moleste, nadie manipuló ni engañó a nadie. ¿Qué pasó? Que el hecho de no haber ido a Harvard no los privó del carácter de interlocutores lúcidos, aptos para elegir idóneamente la educación de sus hijos.

De manera consciente, libre, agradecida y, sobre todo afectuosa, nos pidieron por aclamación defender, todos juntos, el colegio. Fue una de las manifestaciones más conmovedoras y emocionantes que haya vivido. Sepa el Gobierno que así lo haremos, por nuestros alumnos y abnegados padres, por el valor de la movilidad social que Chile necesita para realmente construir una sociedad más equitativa y, en último término, en homenaje a los sueños de mi madre.

Francesco Cámpora Gatica
Sostenedor de la Escuela N°74
Francisco Ramírez, San Ramón

http://www.elmercurio.com/blogs/2014/06/28/23077/Los-suenos-de-mi-madre.aspx

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