La expansividad fiscal que no fue, y que tampoco debería ser

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cifuentes_ceciliaLo que hubo en 2012 fue una política fiscal más bien austera, en un contexto de un dinamismo creciente del PIB en los últimos meses. De acuerdo al Imacec, el PIB habría crecido un 5,6% el año pasado, mientras el gasto público lo hizo en un 4,7% real. Los resultados entonces fueron bastante mejor de lo esperado, registrándose por segundo año consecutivo un superávit fiscal, esta vez equivalente a un 0,6% del PIB. Dado que esto fue producto principalmente de una moderación del gasto, se pudo mejorar también el resultado estructural con un déficit de 0,6% del PIB, medio punto inferior al de 2011 y equivalente al resultado de 2008. Se puede decir entonces que el actual gobierno ha logrado eliminar por completo el importante deterioro fiscal de 2009, sin dejar de cumplir sus compromisos programáticos en materia social. De hecho, el gasto en subsidios y donaciones aumentó el año pasado en un 10,1% real. Esta cifra no resulta muy distinta de lo que aumentó ese ítem de gasto en el gobierno anterior, lo que evidencia que efectivamente se le ha dado prioridad a ese tipo de gasto.

También fue un avance el hecho de que se lograra suavizar la ejecución del gasto, que normalmente se tiende a concentrar en el último trimestre del año. Esta vez, el gasto se moderó en forma importante en los últimos tres meses del año, con un aumento de sólo 1,5% real respecto a igual período de 2011, contribuyendo entonces a aliviar las presiones cambiarias de los últimos meses. En definitiva, no se puede dudar que 2012 fue un año de consolidación fiscal importante, lo que permite que el Gobierno saque bastante buena nota en esta materia.

Pero esta revisión de lo que ya fue no tendría mucho sentido si no permite también dar una mirada hacia adelante. El país tiene actualmente una situación cambiaria preocupante, ya que la apreciación del peso, en un contexto de costos de producción crecientes, daña la competitividad externa, y, por ende, el potencial de crecimiento. Dado que esta apreciación tiene componentes estructurales, no puede ser combatida con medidas monetarias de corto plazo. En este contexto, se requiere un esfuerzo de ahorro fiscal, de tal forma de evitar que las presiones de gasto eleven las tasas de interés y depriman el tipo de cambio. El resultado fiscal de 2012 muestra que es posible implementar la política social junto con una política fiscal austera, y esa debería ser la meta para este año también. El presupuesto para 2013 supone un crecimiento de gasto fiscal de 5% real, que debería ser una cota máxima. Sin embargo, si la ejecución finalmente alcanza un 100% del presupuesto, la expansión fiscal podría subir hasta 7% real, que no parece recomendable en el contexto económico actual. Entonces, la recomendación fiscal para el período en curso sería: “haga lo que demostró que sabe hacer”.

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