Entre la Justicia y la Igualdad

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Miércoles 26 de junio de 2013    Gonzalo Rojas

“Los de la Igualdad hablan de reemplazar el Estado subsidiario por un Estado solidario. No hay tal, eso no existe: bajo la apariencia de solidaridad, el Estado, un desigual, terminará absorbiéndolo todo…”

(…) Por cierto, ningún partidario de la justicia niega la igualdad esencial. Que todos tenemos la misma naturaleza humana parece un dato básico ampliamente aceptado, exceptuando uno que otro intelectual de la hípica. Pero, de ahí a sostener que la igualdad es el verdadero objetivo de la política, hay mucho para aterrizar.

Porque si de verdadera igualdad se tratase, entonces sus partidarios debieran exigir sólo un tipo de casas en las ciudades del país, una sola forma de organización empresarial, un mismo salario para todos, una educación idéntica y sin diversidades, y un solo partido al mando del Estado (ya nos vamos entendiendo).

¡Pero ésa es una ridícula caricatura, la igualdad no es eso! -afirman indignados sus promotores-. Se entiende su molesta reacción, pero entonces, si la igualdad no es “igualdad”, ¿qué demonios es?

(…) En la práctica, toda persona comprueba que la igualdad no es posible, ni deseable, ni siquiera imaginable. Y todavía quedan unos pocos chilenos que recuerdan su propia experiencia durante la UP: sometidos a los experimentos igualitarios, hubo quienes -socialistas, se hacían llamar- administraban en su beneficio la supuesta igualdad, mientras otros -burgueses, enemigos de la revolución, fascistas, eran llamados- intentaban sobrevivir en medio de la persecución. Ya pasamos por eso. Y nos fue muy mal.

Al otro lado, quienes prefieren la Justicia, un Chile justo, están obligados a ser mucho más serios, a dejarse de abstracciones. Tienen que ser capaces de demostrar que darle a cada uno lo suyo exige casi siempre actuar contra la igualdad. Tienen que lograr el diseño de soluciones que actualicen la noción de bien común (…)

Para los de la Justicia, la subsidiariedad es imperativa, porque sólo desde ella se puede lograr hacer el bien: ayudar al más necesitado en la medida debida, impedir que el aprovechador se suba por el chorrito, exigir al potentado que colabore con lo suyo. Dar y tomar con criterio.

Por eso, cuando los de la Igualdad hablan de reemplazar el Estado subsidiario por un Estado solidario, los de la Justicia tienen que ponerse en guardia frontal: no hay tal, eso no existe, porque bajo la apariencia de solidaridad -virtud exigida entre pares-, el Estado, un desigual, terminará absorbiéndolo todo, convirtiéndose una vez más en el más desigual de los iguales. La Justicia tiene que ser implacable con la Igualdad. Implacable, como toda verdadera justicia.

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/06/26/12963/Entre-la-Justicia-y-la-Igualdad.aspx

 

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