Chile no necesita una reforma educacional como la que propone el gobierno socialista de Bachelet

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bacheletNoticia: ¿Por qué refundar el sistema educacional? El acceso en Chile ya es bueno, y mejorar la calidad es el principal desafío, especialmente entre alumnos de menores ingresos. Sin embargo, las medidas para aumentarla parecen estar ausentes del debate. por Gabriel Sánchez Zinny – 16/05/2014

CHILE. Ha estado a la vanguardia de la reforma educativa en América Latina por décadas y acercándose a los países más desarrollados. En las pruebas Pisa, el país obtuvo un promedio de 439 puntos en lectura, matemática y ciencia, el mejor del continente por un importante margen. Entre 2009 y 2012, los puntajes en Pisa mejoraron a mayor velocidad que el promedio de la Ocde.

En educación superior, Chile ha expandido el acceso. Más del 29% ha completado algún tipo de certificación avanzada, apenas por debajo del promedio del 32% que alcanzó la Ocde; y en las cohortes más jóvenes, entre los 25 y 34 años, esa cifra asciende al 41%, superando a la Ocde. Cerca del 70% de ellos son la primera generación en su familia en asistir a la universidad; sin embargo, aún persisten desafíos. Chile posee la distribución del ingreso más desigual de la Ocde y las desventajas socioeconómicas se reproducen en el sistema educativo, en vez de reducirse.

Que el país se haya lanzado a la discusión pública en los últimos meses es un primer paso que demuestra que la sociedad chilena está en constante búsqueda de progreso. Sin embargo, el debate en la administración Bachelet está enviando confusos mensajes: que todas las escuelas primarias deben ser públicas y gratuitas; que la educación superior -que hoy no permite instituciones con fin de lucro- debe ser gratuita para todos; que la selección no debería ocurrir a nivel escolar. Para financiar todo esto, el gobierno está proponiendo una reforma impositiva que según algunas estimaciones tendrá un costo de US$ 8 mil millones.

El acceso en Chile ya es bueno, y mejorar la calidad es el principal desafío, especialmente entre alumnos de menores ingresos. Sin embargo, las medidas para aumentarla parecen estar más bien ausentes del debate. Entre estos temas pendientes se cuentan, por ejemplo, el cambio de la matriz de pobreza estructural. La evidencia señala que intervenciones en la primera infancia generan efectos positivos que continúan durante la carrera académica y profesional del estudiante. Las políticas focalizadas para mejorar la enseñanza preescolar, el involucramiento parental y la mejora de oportunidades laborales para los trabajadores de menores ingresos con hijos, pueden generar más beneficios que alterar el financiamiento global del sistema.

Aun cuando hay consenso sobre la necesidad de mejores regulaciones de la educación superior, no se está discutiendo el cómo se puede lograr esto aprovechando también las contribuciones de las instituciones privadas. Tampoco está claro que una educación universitaria gratuita mejorará la calidad.

En efecto, el sistema primario ha sido un modelo a seguir para el resto de América Latina, precisamente por la diversidad de oferta, que incluye escuelas públicas gratuitas, establecimientos privados con y sin fines de lucro, y los subvencionados, que son financiados con aportes subsidiados. Hay poca evidencia de que alguna de estas modalidades brinde una calidad superior a la de otra. Más bien, es probable que la combinación de alternativas, la competencia y las evaluaciones anuales sean la mejor opción para los padres y para la estructura del sistema educativo.

http://www.latercera.com/noticia/opinion/ideas-y-debates/2014/05/895-578300-9-por-que-refundar-el-sistema-educacional.shtml

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