Violencias y oportunismos

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Sergio Muñoz Riveros

Analista político

El dato nuevo de las duras semanas que hemos vivido no fueron las marchas o manifestaciones masivas para expresar descontento o reclamar mejoras sociales. El país tiene una larga historia de marchas y manifestaciones que, en su momento, emocionaron a sus participantes y fueron interpretadas como hitos históricos. El verdadero dato nuevo fue la irrupción de fuerzas político-delictivas que desataron una ofensiva de violencia y destrucción nunca antes vista en Chile. Nunca. Fue la concreción de la llamada guerra social que habían anunciado los grupos anarquistas. En rigor, barbarie metódica, promovida por quienes no buscan mejorar la sociedad, sino convertirla en selva. Y arrastraron a muchos jóvenes extraviados hacia el vandalismo más ciego en contra de la comunidad.

Las garantías que ofrece la democracia fueron usadas para atacar a la democracia, lo que configuró una amenaza directa a la vida en libertad. Siempre lo determinante son los valores en juego, y los violentos encarnan el odio a la democracia. Eso fue lo que expresaron al destruir los bienes de la comunidad, aterrorizar a la población y buscar el socavamiento de las libertades. Jugaron una vez más la carta de la provocación a las fuerzas policiales, para forzar la represión.

Por desgracia, no pocos políticos opositores, por temor, oportunismo o dejadez moral, optaron por callar frente a los desmanes. Así, contribuyeron a difundir la creencia de que “la santa indignación del pueblo” se expresaba con diversos estilos. ¡Fariseísmo puro! Han crecido las dudas respecto de cuán sólido es su compromiso con el Estado de Derecho y el orden público. Lo peor es que un sector de la oposición apostó abiertamente por el quiebre de la continuidad constitucional. Estamos notificados.

La situación creada a partir del 18 de octubre planteó un test de credibilidad democrática a todos los sectores, entre ellos los dueños y directivos de los canales de TV. En horas de enorme riesgo para el país, varios “rostros” de la TV, embriagados por la agitación en las calles, abusaron de la tribuna dorada que ocupan, sin ninguna conciencia de la responsabilidad cívica que pesa sobre ellos. Creyendo quizás que se convertían en combatientes contra una nueva dictadura, cerraron los ojos ante la real amenaza contra nuestra convivencia y amplificaron el delirio.

Chile experimentó un grave retroceso económico, social, político, en el plano internacional y en el terreno de los DD.HH., y le costará volver al punto en que se encontraba. En septiembre, había varias necesidades que atender, pero el país no estaba en crisis; hoy sí lo está, y tiene problemas mucho más difíciles. Ha sido muy profundo el impacto emocional de la violencia.

No podemos vacilar en la defensa de la vida civilizada. Es la hora de la unión de todos los partidarios de la racionalidad democrática para que el país se recupere y vuelva a progresar.

Violencias y oportunismos

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