Una decisión correcta

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El Presidente Piñera ejerció correctamente sus atribuciones. Ordenó la abstención del Pacto Migratorio de Naciones Unidas. Aprobarlo es una irresponsabilidad, por sus alcances y porque estamos discutiendo en el Congreso el estatuto migratorio.

El Pacto, bajo el engañoso título: “Para una migración segura, ordenada y regular”, promueve lo contrario: la irregularidad y el desorden. Sus normas impulsan a asimilar a los extranjeros que ingresan de manera irregular, con aquellos que cumplen con las leyes establecidas para avecindarse.

Emigrar es un derecho humano, respetado salvo por regímenes comunistas y totalitarios, como Cuba. Inmigrar está sujeto a la legislación soberana de los países y no a imposiciones de Naciones Unidas.

Chile necesita más que nunca de inmigrantes y debe estar abierto para acogerlos con responsabilidad, de acuerdo a sus intereses y disponibilidades.

El desorden migratorio provoca convulsiones, violencia, xenofobia, incluso perjudica a los migrantes. Las nuevas formas de populismo, nacionalismos, el Brexit, las divisiones dentro de la Unión Europea, Trump y otros excesos, son consecuencias de gestiones erradas de la inmigración irregular.

Por años, en estas mismas columnas planteamos abordar las migraciones con apertura y orden. Pocos se interesaron.

En el gobierno de la Presidenta Bachelet se prefirió eludir el problema. Su inmovilismo fue aprovechado para fraudes en el ingreso de centenares de miles de falsos turistas. Se organizaron negocios y compañías aéreas para este solo propósito, con víctimas que luego quedaron abandonadas. El descontrol y la falta de políticas migratorias dejó en desconcierto a la policía fronteriza, y nuestra diplomacia se vio arrastrada por los dictados de Naciones Unidas. Tuvo que intervenir el Presidente Piñera para terminar con la descoordinación interna.

Los países deben tener la mayor flexibilidad para fijar políticas sobre uno de los problemas más complejos de este siglo. La necesidad de acuerdos internacionales de cooperación entre los Estados es evidente. Otra cosa son pactos universales, que pretenden englobar realidades tan diferentes como las asiáticas, europeas, africanas y americanas.

Se indujo a firmar el Pacto Migratorio afirmando que no limita la soberanía de los países. No se necesita ser un experto internacional para saber que estos pactos no son meras declaraciones de intenciones. Sus disposiciones son parte del Derecho Internacional, obligan a los Estados firmantes y deben respetarse.

El Pacto Migratorio es otra obra de los burócratas internacionales; viven en una nube de privilegios, no pagan impuestos, se autocontratan, no responden a gobierno ni a pueblo alguno, constituyen la versión más extrema y poderosa de la ingeniería social, son profesionales para capturar a los diplomáticos y para utilizar los tratados para expandir su poder y el de sus organizaciones. El Gobierno de Chile fue valiente al defender el interés nacional y fijar una línea roja a Naciones Unidas.

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