“Transar sin parar”

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La frase, acuñada en el subtítulo de mi libro El Chile perplejo. Del avanzar sin transar al transar sin parar (1998), hacía referencia a la política conciliadora entre los gobiernos de la Concertación y la entonces oposición de derecha durante los años 90. Dicha estrategia, si bien favoreció a los partidarios del régimen militar e, incluso, permitió que se independizaran como fuerza autónoma, pasado el tiempo derivó en fracaso. Dejaron de haber acuerdos y la izquierda radical se impuso al centrismo dentro de la Concertación. De hecho, los dos gobiernos de Bachelet que llevamos y las movilizaciones del 2011 que opacaran al primer gobierno de Piñera, han demostrado que cualquiera actitud conciliatoria ingenua en un escenario de polarización creciente ha de beneficiar, esta vez, a la izquierda y para peor, radicalizada.
De ellos, desde luego, sería la agenda. Es más, convertirse en derecha #YoTambién no convence. Sea que hiede a oportunismo cortoplacista o da cuenta de que han olvidado el por qué Piñera fue reelegido (no precisamente gracias al entreguismo), nada indica, pues, que sea una buena estrategia, ni siquiera de sobrevivencia. Lo vemos en el ámbito universitario. El cerco se mueve a posturas extremas (tomas, paros, petitorios unificados), los rectores conceden el 80 o más por ciento de las demandas, ¿por qué en un escenario así el ultrismo no habría de volver a insistir llegando a mover aún más el cerco?
Llámese gratuidad (admitida por Piñera entre la primera y segunda vuelta), feminismo (y conste que se trata de un “ismo”, de una ideología), o cualquiera sea la causa que tengan preparada para la próxima tanda, el punto es que una derecha confundida consigo misma terminará haciéndole el favor desde La Moneda a quienes se ha derrotado, a la Nueva Mayoría. Justamente, el motivo que ha llevado a la izquierda dura incluso, desde hace una década, a abjurar de su participación en la “transición”(el PC apoyó a Lagos) ganando espacios y, por qué no decirlo con todas sus letras, imponiéndose.
¿Transición a qué? Ya no de un régimen dictatorial a un orden moderado y pluralista, sino a ¿una nueva imposición unívoca autoritaria de cualquier signo? No es sensato revivir el consensualismo transaca. Puede generarle a la derecha cismas letales (al igual que a la DC histórica, hoy R.I.P.), amén que sus sectores liberales sean barridos por progresismos de nueva generación. La derecha si quiere ser auténtica debe insistir en sus convicciones, no en el último grito de la moda que hace tendencia; cae en ese juego y se convierte en una derecha #MeToo. Hay un largo listado de tránsfugas en Chile, una historia no digamos que ejemplar.

 

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“Transar sin parar”

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