Suplicando lo votos

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Esta semana, la aprobación presidencial llegó a su punto más bajo: 36%. Al mismo tiempo, la desaprobación subió a su peak en lo que va del Gobierno, con un 51%. Si bien esta tendencia a la baja puede tener muchas explicaciones, a mí no me cabe duda que un gran factor que la explica es la incapacidad que ha tenido el Gobierno de imponer la agenda que le permitió ganar la elección. Por el contrario, semana tras semana vemos un Gobierno más preocupado de levantar a la oposición y de ceder posiciones frente a la izquierda.

En diciembre de 2017, una significativa mayoría de chilenos eligió a Sebastián Piñera como Presidente. Lo hicieron, con un mandato claro: dejar atrás los nefastos cuatro años de Michelle Bachelet y volver a llevar al país a tiempos mejores en la economía, en los temas sociales y en la lucha permanente contra la delincuencia. Entre muchas promesas, se levantó un diagnóstico claro sobre los errores de las reformas de Bachelet, y se prometió dar un impulso decidido a la creación de empleo, al aumento de inversiones y al crecimiento del país, mediante una reforma tributaria que lograra revertir los errores y entregar los incentivos correctos.

Lamentablemente, en las últimas semanas hemos visto al Gobierno ceder, una y otra vez, al chantaje de la oposición. Los mismos que hace cuatro años nos obligaron a aprobar una reforma tributaria tan dañina para Chile, hoy se escandalizan por una propuesta que buscaba dar dinamismo a la economía, estimular la inversión y apuntalar el crecimiento. Los mismos que hace cuatro años prometieron recaudar miles de millones que nunca se recaudaron, hoy se quejan porque un Gobierno serio y dedicado ha elaborado, una y otra vez, propuestas para poder dejarlos contentos.

No nos equivoquemos: a la oposición no le interesa el éxito de este Gobierno, sino que busca su ruina. Podrán aprobar en el margen la reforma tributaria, pero se opondrán, una y otra vez, a cada proyecto que presente este Gobierno y a cada iniciativa que busca mejorar la economía, la seguridad, el empleo o la salud. Porque la izquierda no pone por delante los intereses al país, sino que busca perpetuarse en el poder y, en este caso, recuperarlo.

Muchos preguntan: ¿Qué harías tú de distinto? ¿Qué haces si no tenemos mayoría en el Congreso? Lo mismo que dijimos en campaña: tenemos que defender nuestras convicciones hasta el final y no ceder ante la izquierda. La mayoría que logró Sebastián Piñera la logró a pesar de la campaña de la izquierda y con un mensaje claro. Sólo ese camino nos permitirá ganar el Gobierno en el futuro y ganar también el Congreso, para por fin cambiar las leyes y normas que obstruyen nuestro camino al desarrollo.

Eso significa estar dispuesto a perder en el Congreso esta y otras reformas, para mostrarle a cada chileno qué es lo que piensa el Gobierno y qué es lo que piensa la oposición. Eso significa, también, usar todas las herramientas administrativas para hacer más eficiente el Estado, para reducir su tamaño y para librarlo de operadores políticos que llenan las planillas y ralentizan su accionar.

El Gobierno tiene que dejar de andar suplicando votos con una oposición irreductible. El Gobierno tiene que ser como los buenos guerreros, que hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan atraer por la fuerza de su fortaleza. Hoy es momento de defender con orgullo las ideas y convicciones que lograron el triunfo, sólo así contará con el apoyo de todos nosotros y de la inmensa mayoría de los chilenos. Aún es tiempo para corregir el rumbo.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero, www.ellibero.cl

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