RESPIRO

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Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

¿Qué tan perseverante continuó siendo la Edad Media? Extraordinariamente tenaz, si uno le sigue la pista a la iconografía religiosa (Émile Mâle). La misma desde el siglo XIII a principios del XX, pasando por el Renacimiento, Contrarreforma e Ilustración. Lo cual no es extraño. Estamos hablando de las mismas festividades solemnes (para conmemorar la Navidad o la Pascua de Resurrección por ejemplo) de una tradición litúrgica también ininterrumpida, y de un sinfín de imágenes compartidas. No habiendo fiel, incluso analfabeto, que desconociera los principales episodios de la vida de Jesús, o no sintiera suyos la época y hechos de los apóstoles. A esa intemporalidad persistente apuntaban esas escenificaciones revivificadas año tras año, y sentirse parte de ese mismo fluir consistía en buena medida ser cristiano.

Esto, por supuesto, ya no corre. Memoria colectiva universalmente compartida queda poca. La ignorancia religiosa, no solo la falta de fe, se ha vuelto proverbial. Hasta clérigos reconocen que vivimos en un mundo post cristiano. Con todo, no hay que ser católico o protestante para valorar tanta sabiduría acumulada. Son siglos de siglos. Es cosa de preguntarse: ¿por qué hechos común y corriente -el nacimiento de una nueva vida, de un niño- no habrían de tener un significado trascendente en una cultura? Está además ese misterio profundo que el cristianismo capta como pocas otras religiones, que el sentido último de la vida quizá no sea de este mundo aunque pase por este mundo, importando nuestro comportamiento. Los cristianos creen en la salvación, condena eterna, y purgación. Asuntos que quizá no atormenten hoy en día, aun cuando cunde la sensación de que se está ante el “fin de los tiempos”. Preguntarse por qué se nace y muere, qué hay que hacer para merecer morir bien, en paz, no ha perdido vigencia; quizás al contrario, se haya vuelto más urgente.

Desde hace siglos cada año termina en una nota esperanzadora, el nacimiento de un niño que anuncia la salvación. Extraordinaria manera de invitar a seguir con la vida. En algunos puede que produzca recogimiento y devoción, en otros, una suerte de respiro, igual de vital para no dejar de enfrentar esas otras preguntas. Respuestas no faltan. He ahí todo lo que recoge la pintura, literatura y música, inexplicable creatividad sin el cristianismo. Émile Mále, refiriéndose a las innumerables imágenes que disponemos centradas en el martirio que pueden transfigurar el sufrimiento y convertirlo en alegría, hace hincapié en las grandes plagas. Es que las pestes, está visto que recurrentes, hicieron aumentar los cuadros, frescos y estatuas. Lo cual lo lleva a exclamar: “¡Milagro del arte y de la fe! De estas catástrofes que espantaron a los hombres, actualmente queda un poco de belleza”. Pues bien, que sirva de consuelo.

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