“¿Quién es el Hombre de la Sábana Santa?”

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Klaus Droste: “…al contemplar esta sábana con humildad, se despiertan en nosotros ‘el dolor y la vergüenza’ por el mal que hemos hecho y el deseo sincero de una conversión personal al Bien…”.

¿Qué significa la inauguración de la muestra “Quién es el Hombre de la Sábana Santa” en el contexto actual de la Iglesia chilena? La respuesta a esta pregunta brota naturalmente de la contemplación de lo que esta sábana significa. Meditemos brevemente en ello. 

En pocas palabras, ella conserva los vestigios de una “vida crucificada”, que se acompañó, además, de una serie de atroces padecimientos físicos; heridas que no acababan de sangrar y un dolor incesante. Es fácil juzgar que se trata de un ser sobre el cual se ha descargado odio, ira, crueldad, humillación, desprecio, maltrato, burla, aprovechamiento. Se trata de un hombre destrozado. Herido desde la cabeza hasta sus pies, desangrado y atravesado en su costado. 

Imaginar por unos instantes lo que se observaba estáticamente, con el dinamismo necesario para producirlo, configura una realidad chocante: ser clavado en las manos y en los pies hasta atravesarlos, ser azotado ferozmente por todas partes y llagado de esa manera sobre la cabeza. Resuena como un eco del Libro de las Lamentaciones: “Mirad y ved si hay dolor como mi dolor” (Lam 1,2). 

Toda la fe cristiana gira en torno a la humanidad y Divinidad de Cristo. Los cristianos vemos en esta sábana un reliquia de los padecimientos de Nuestro Señor, de Jesús de Nazaret, el “Hijo del Carpintero” (Mt 13. 53), el Verbo divino hecho hombre (Jn 1). 

Conmovidos, llenos de asombro y gratitud, la contemplamos. Porque la Iglesia, que no es más que la humanidad redimida, todos los hombres “errantes” que se han dejado reconciliar con Dios, nacen de esa humanidad de Cristo que ha sido partida; de los padecimientos del más inocente de los hombres, que es Dios entre nosotros, y que ha recibido sobre sí el desprecio y la injusticia de los suyos “que no lo recibieron” (Jn 1). El odio de todos los hombres. El mal de toda la historia. 

La figura del Crucificado es la de una humanidad vulnerable y deshecha. Son los miembros de Cristo despedazados. Ella representa y visibiliza lo que causa el mal moral en el ser humano: lo degrada, lo rebaja, lo deshace, lo parte, lo destruye. El mal que causamos nos lleva a crucificar nuestra vida o la de otros. Por eso, al contemplar esta sábana con humildad, se despiertan en nosotros “el dolor y la vergüenza” por el mal que hemos hecho y el deseo sincero de una conversión personal al Bien, puesto que, en definitiva, “fue herido por nuestras culpas” (Is 53). Las de todos. Las nuestras. Las mías. 

El sobrecogedor misterio que esconde la Sabana Santa -“la muerte de Cristo, que se convirtió en muerte de Dios” (sermón del Concilio de Éfeso)- nos revela sorprendente y gratuitamente, junto con el máximo dolor, la Gran Esperanza (Spe Salvi, n° 3), ya que da testimonio de un Dios que no se deja vencer por nuestro rechazo ni por nuestro mal: Dios ama al hombre, aunque el hombre odie a Dios. Así “al final de los tiempos, plasmará su obra de arte con el desecho de esta humanidad vulnerable” (Gaudete et exsultate, n°61), haciéndonos volver al que traspasamos (Za 12, 9). ¡

Todo ha sido redimido, y es y será redimible, porque la amorosa debilidad del Dios de la Misericordia es más poderosa que la fuerza de todo el mal posible y, más aún, dentro de la misma Iglesia. Dios saca de la muerte, Vida; del mal, conversión, amor, entrega, reconciliación, consuelo, unión. 

El Hombre de la Sábana Santa somos todos los hombres pecadores del mundo que podemos ver reflejado en ella nuestro mal o el que hemos causado. Sin embargo, ese mal ha sido asumido y transfigurado por el Único que puede sacar luz de las tinieblas y resurrección de la muerte. Aquel que “nos cura por sus heridas” (Is 53). Es la Bondad aplastada, la Omnipotencia anonadada que vence el mal a fuerza de Bien (Rm 12), un cuerpo triturado que es ahora Pan de Vida (Jn 6), esperanza de transformación para la Iglesia y el mundo.
Klaus Droste Ausborn,

Decano Facultad de Educación, Psicología y Familia de la
Universidad Finis Terrae

 

Fuente:

http://www.elmercurio.com/blogs/2018/04/25/59752/Quien-es-el-Hombre-de-la-Sabana-Santa.aspx

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