¡Que se vayan todos!

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Álvaro Pezoa

Ingeniero Comercial y Doctor en Filosofía

Durante los últimos días ha sido confirmado lo que ya estaba claro: que el gobierno no gobierna. Ver el pasado viernes a carabineros retirándose ante una turba de delincuentes sobrepasados porque no tenían con qué defenderse y, tras cartón, observar como los últimos incendiaban la iglesia de San Borja a placer, y lunes y martes como las ACES, sin dificultad alguna, cumplían su amenaza de impedir que decenas de miles de jóvenes rindiesen la PSU, ponen en total evidencia que el Ejecutivo no cumple con su primer deber constitucional, esto es, proveer seguridad y posibilitar una vida relativamente normal a la ciudadanía. El Presidente y su ministro del Interior, principales encargados de esta tarea, sencillamente han abdicado de cumplirla dejando a la población abandonada a su suerte.

Paralelamente el Congreso Nacional, controlado por la oposición, se arroga facultades que derechamente no posee y malgasta su tiempo en acusaciones e interpelaciones de dudosa legitimidad con tal de debilitar aún más al gobierno, descuidando de paso el trabajo requerido para dar cauce legal a la denominada “agenda social”, destinada a aliviar las necesidades más acuciantes que experimenta la mayoría de los chilenos. Envueltos en disputas pequeñas y sin importancia, los parlamentarios -y sus partidos- ofrecen un espectáculo lamentable que no hace más que profundizar el descrédito que a estas alturas, con razón, se han ganado en el país.

En este escenario empieza a ser cada vez más comprensible que vaya creciendo en la sociedad, defraudada y hastiada de sus políticos, el deseo de que se vayan todos: por pusilánimes, frívolos e ineptos. Chile se cae a pedazos y no hacen nada o, peor, colaboran a ello. El gobierno cede todo y no gana nada. El Legislativo hace la vida imposible al primero, y eso es todo. Entretanto -merece una columna aparte- el Poder Judicial no transita por mejores caminos. Este panorama es nada alentador y únicamente presagia males mayores.

¿Es posible esperar una reacción positiva que cambie la dirección que llevan los acontecimientos? Poca humana esperanza hay de que así sea. En el “establishment” de aquí y de allá no se aprecian liderazgos con autoridad, ni abundancia de voluntades orientadas al bien común. Resulta estremecedor pensar que Chile se encamina a un proceso constituyente viciado -innecesario, forzado por la violencia delincuencial y facilitado por una derecha cobarde- en manos de esta “clase política” y a merced de grupos terroristas y vandálicos cohonestados por la izquierda ideológica más extrema. Con ellos, la incertidumbre no es alta, es máxima. Una forma democrática de enviarles el mensaje (¡que se vayan todos!) fuerte y claro es marcando “Rechazo” en el plebiscito del 26 de abril por venir. La patria lo agradecerá.

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