Preocupante realidad demográfica

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Diferentes mediciones realizadas en el país confirman, una y otra vez, una marcada caída en la tasa de fecundidad, con el consiguiente envejecimiento de la población en niveles que -a corto plazo- pueden tener un serio impacto social y económico. En efecto, el informe sobre Estadísticas Vitales 2016 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) da cuenta de una disminución histórica en la tasa de fecundidad, con una baja en el promedio de 1,8 hijos por mujer en 2015 a 1,69 en 2016, muy lejos de la tasa de reemplazo de 2,1, que es la que permite asegurar el recambio generacional.

La prolongación de los años de estudios de la mujer y su posterior incorporación al trabajo han derivado en un retraso de la maternidad hasta en 10 años respecto de índices de hace tres décadas. Asimismo, jornadas laborales extensas y poco flexibles, largos tiempos de desplazamiento urbano, viviendas más pequeñas y altos costos relacionados con la crianza han impactado en el tamaño de las familias, las que si hace 50 años superaban los cinco hijos, hoy es frecuente que opten por no tener descendencia o por el hijo único.

Esta tendencia demográfica, tan común en los países desarrollados, se ha manifestado muy aceleradamente en el país, aunque se ha moderado por la creciente presencia de los inmigrantes. En Tarapacá, el 30 por ciento de los partos corresponde a madres extranjeras; de allí que sean algunas regiones del norte las que presentan una mayor tasa de natalidad.

La experiencia internacional evidencia la dificultad que implica revertir esta situación demográfica, que obedece en parte a cuestiones culturales -más de la mitad de los chilenos cree que la familia se descuida si la madre trabaja, según la encuesta Bicentenario-, requiriendo de políticas públicas creativas y focalizadas tendientes a apoyar las labores de crianza, aunque estas no aseguran poder revertir la tendencia. Francia ha conseguido aumentar los nacimientos con medidas destinadas a facilitar las labores de los padres, pero Noruega, con un enfoque similar, si bien logró incrementar su tasa de natalidad a partir de 2003, vio que esta nuevamente comenzó a descender en 2011.

Políticas como la extensión del posnatal y la ampliación de la red de salas cuna y jardines infantiles son un apoyo relevante para las madres, pero se requerirá de un esfuerzo mayor para incidir en un cambio de la actual tendencia, puesto que si bien ella obedece a un momento demográfico coyuntural que puede morigerarse parcialmente, la proyección futura no parece muy distinta de la actual si no se adoptan medidas adecuadas.

En esta línea, cabe explorar si iniciativas como la propuesta parlamentaria de considerar beneficios tributarios familiares, favoreciendo a las parejas unidas en matrimonio o en unión civil, permitirían estimular la natalidad. Cabe considerar también que la baja en la tasa de nupcialidad experimentada en las últimas décadas, aunque con un leve repunte en 2016 respecto del año anterior, y el hecho de que el 70 por ciento de los niños chilenos nazcan fuera del matrimonio -el índice más alto entre los países de la OCDE- suelen traducirse en un recargo de la responsabilidad de la mujer en el cuidado del hogar, la que suele asumir en su totalidad la crianza de los hijos.

Aumentar la tasa de natalidad es uno de los principales desafíos que deberá abordar el país, por lo que es de esperar que el anunciado Ministerio de la Familia y Desarrollo Social se traduzca en un despliegue de políticas públicas orientadas a paliar los efectos del desequilibrio demográfico que amenaza con un acelerado envejecimiento poblacional.

 

Fuente:

http://www.elmercurio.com/blogs/2018/09/06/63074/Preocupante-realidad-demografica.aspx

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