Por qué votaré rechazo

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César Barros

Se viene febrero, y luego vendrá el despertar, deprimente -y caro, además- de marzo. Y de ahí sin saber ni cómo, estaremos en abril, con el plebiscito encima.

No votaré por aprobar incondicionalmente una nueva Constitución. Y si se aprueba, votaré por una constituyente mixta. No es por evitar cambios. Esta actual Constitución requiere mejoras. De hecho, las mayores quejas y reclamos de la gente se están produciendo dentro de la carta actual, en acuerdos amplios y bien discutidos en un Parlamento elegido democráticamente hace no tanto.

Votaré “rechazo” porque creo que de aprobarse el cambio, debe haber un diálogo equilibrado entre la mayoría y la minoría, mostrando al país que hay un grupo muy importante de chilenos que nunca marcharon, nunca agredieron a Carabineros, ni encendieron fogatas, ni celebraron saqueos.

Una mayoría aplastante del “apruebo” llevará a la euforia de quienes rechazan la democracia tal como la conocemos, desprecian a nuestras instituciones, y quieren pasarle el poder a grupos exaltados que buscan apoderarse del poder político.

Basta ver y escuchar al diputado Gutiérrez, al senador Navarro, al señor Messina, al alcalde Sharp, y a otros íconos de la protesta violenta, para reflexionar qué sería del país si estos exaltados se sientan sin contrapeso, haciendo una Constitución que parte “con una hoja en blanco”, solo esperando que estos genios la escriban desde cero con un lápiz rojo.

Votaré “rechazo” porque una vez más -como ocurrió en 1833, 1925 y 1980- esta nueva eventual Constitución será escrita bajo la presión de la fuerza o la violencia; como la del 33, bajo gobiernos militares; su modificación clave en 1891, después de una guerra civil sangrienta; la del 25, escuchando ruidos de sables; la del 80, en dictadura. Y ésta, bajo la presión del saqueo y la violencia.

Y, así, pasaremos varios años en medio de la incertidumbre, y la violencia callejera. ¿Qué pasará si en algún acápite importante no se logran los dos tercios? ¿Aceptará la extrema izquierda y sus acompañantes ese resultado? ¿Y si ese evento se produce en una mayoría de los temas que importan, como propiedad privada, orden monetario y fiscal?

Si no se muestra que un porcentaje importante de chilenos prefiere un diálogo tranquilo, bajo nuestras instituciones (Ejecutivo y Parlamento) a un proceso tortuoso e incierto, caeremos en manos de gente que, como Messina, cerrarían el Congreso; o como Sharp, que “irían a por todo”; o Navarro, iniciando un viaje a Venezuela.

Si gana el “rechazo”, el Parlamento (éste y el próximo) sin amenazas, y en forma consensuada, cambiarían lo que es necesario cambiar. Y mientras eso ocurre, no habrá hoja en blanco, sino una Constitución que -incluso con sus defectos- nos ha entregado orden y progreso. Y si gana el “apruebo”, sepan sus triunfadores que al frente tienen una oposición poderosa con la cual deberán negociar y ceder mutuamente.

Darle rienda suelta a los Messinas, Gutiérrez y Navarros y su cohorte de violentos, no es una buena idea para quienes deseamos un Chile en paz, orden y progreso.

Por qué votaré rechazo

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