Populismo requetesabido

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Alfredo Jocelyn-Holt

Historiador

Para ser una vieja manía cuyas consecuencias conocemos de sobra es extraño que siga habiendo gente que finja no saber qué es el populismo y sostenga que hay que ir en esa dirección y probar sus eternas virtudes. Se sabe cómo Hitler halaga das deutsche Volk y llega al poder en 1933 (lo habían estado pasando mal), y cómo la URSS y satélites, paraísos populares, colapsan en 1989 (ídem). Tampoco son misterio los fracasos de chavistas y peronistas, y lo que es Grecia, con 23% de jubilados, 10,6% de cesantes, y solo 31% de trabajadores, nadie diría qué bruto que éxito, salvo sus relajados pensionados. Mientras redacto estas líneas son las 10 de la noche en Atenas, cuna de la democracia financiada por la Unión Europea, con 26°C de temperatura, humedad 51%, y vientos a 13km/h.

Los periodistas cuando tratan “noticias” de este tipo se dejan llevar por efectos atmosféricos. Hace unas semanas leía a un locutor de radio y televisión argumentar, a propósito de las 40 o 41 horas, que el término populismo se manosea, pero si tantos despotrican en su contra -agregaba- quizá no debiéramos tenerlo como tan malo (i.e. sigamos manoseándolo). A continuación pintaba un panegírico del populismo de Arturo Alessandri. Según el también columnista, nadie discutiría hoy que su visión en 1920 de un Chile democrático gobernado con sensibilidad social era más lúcida que la de la decadente oligarquía que lo torpedeó.

Pamplinas. Ocurre que el parlamentarismo porque venía siendo oligárquico (incluyendo a comunistas) impidió el populismo en el siglo XIX y purgó a la política de militares. Arremete Alessandri, sin embargo, y le siguen cuartelazos (los azuza); debe exiliarse; retorna aliado a militares; juntos ponen fin a una Constitución de casi 100 años; vuelven a derrocarlo; sigue la dictadura de Ibáñez; y tras su debacle se mandan un año de película (el 32). Luego, coquetea con todos, arma a civiles para sacar a los uniformados y, finalmente, instala su propia dictadura legal (1932-1938) convertido en derechista. Fin del chaquetero profesional. Mejor saltémonos ese otro quebradero de cabeza que deja: el régimen cívico militar asociado al presidencialismo, imperante aún, si bien a los militares los han vuelto corruptos (la pregunta es por quién) y sus generales pasan en cárcel, pero al menos no son un peligro (por ahora).

Costosísimo y de cuidado es el populismo. No reconoce domicilio político. Lo fue el de la Nueva Mayoría y lo es el de este gobierno bursátil al aguaite del boom o crash. Son populistas quienes quieren eliminar las notas en la primaria, también Sharp cuando, sin vergüenza, llama al Estado a darle a Valparaíso mil millones de dólares (razón: “por años… dejó a su suerte la ciudad”). Lo son a su vez la televisión, publicidad y redes sociales. ¿Cómo que no sabemos qué es?

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