Perros, gatos y guarenes

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Entre los muchos milagros atribuidos a San Martín de Porres se encuentra el haber logrado que comieran de un mismo plato seres irreconciliables en la vida real: perros, gatos y guarenes. Cada cual sabe a quién identificar, políticamente, en alguna de estas categorías.

Sirve esta analogía para constatar que después de meses de violencia, saqueos y miedo en la población, no se ha logrado que quienes detentan el poder coman de un mismo plato, es decir, alcancen un verdadero acuerdo de unidad y paz, alentando de buena fe resguardar el orden público sin cometer actos de traición a la democracia y sin infectar nuestras institucionales republicanas. Suena incomprensible que los presidentes del Senado y la Cámara hayan convocado a los firmantes del acuerdo de noviembre -excluyendo a otros actores políticos- para hablar de la paz el día del plebiscito sobre una nueva Constitución. Nos preguntamos cómo se puede lograr la paz por un día, en circunstancias que durante todos los meses en que ha durado y recrudecido la alteración del orden público, los sectores políticos sin excepción han dedicado su tiempo a roces, discusiones intrascendentes para la marcha del país y contribuyendo a debilitar al gobierno y a los Carabineros que resguardan el orden público, inhibiéndolos de actuar prontamente y con firmeza frente a actos vandálicos.

Siendo un hecho cierto que todas las marchas llamadas “pacíficas” son infiltradas por sujetos que se autodenominan “primera línea” y que son los causantes del daño, cuentan, sin embargo, con la tolerancia de los marchantes y de las clases políticas. La paz y el restablecimiento del orden, en las actuales circunstancias, deben ir acompañadas de medidas y compromisos concretos propuestos por todas las autoridades, sean de gobierno o políticas, porque la situación es muy grave y no es aceptable que algún actor relevante se excluya, ni menos que haga recaer la responsabilidad únicamente en el gobierno.

En nuestro país, como señaló un autor, desgraciadamente hay muchas personas que han perdido la cabeza pero la conservan. De este modo, la convocatoria política a clamar por la paz solo para el plebiscito es un acto de hipocresía ante el país, pues los mismos que de algún modo han aceptado el curso de los hechos catastróficos, ahora rasgan vestiduras y piden acuerdos.

Por otro lado, la reciente declaración del presidente del Senado, en que exige que el Jefe de Estado pase a la segunda línea y se forme un parlamentarismo de facto, demuestra no solo un acto contrario a dicho acuerdo, sino la vulneración expresa de la Constitución y un peligroso llamado al caos jurídico y a la insurgencia, ambos antesala de la peor incertidumbre sobre el futuro de Chile.

El anhelo de que las autoridades “coman del mismo plato” se ven frustradas por la ambición de poder, el egoísmo y la indiferencia ante la alteración de la democracia. Como ya se ha dicho, los mejores están sin convicción y los peores llenos de apasionada intensidad.

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