Opositor a sí mismo

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Juan Ignacio Brito

Periodista

Entre las rarezas que ha traído la crisis sobresale, por lejos, la de un Ejecutivo que se ha convertido en opositor a sí mismo. Gobiernos que no cumplen su programa hemos visto por montones, pero lo que sí resulta novedoso es que haya uno que lleve adelante el de la oposición… y que además lo celebre como un triunfo.

Solo así se explica que La Moneda proclamara con fanfarria la reforma que habilita el plebiscito de abril, en un intento tan patético como estéril por apropiarse de un proyecto cuyo impulso y motivación no le pertenecen. ¿No ha leído el Presidente los graffitis que le piden renunciar, lo insultan y lo acusan de violador de los DD.HH.? ¿No tomó nota de que hace unos días varios de sus ahora invitados apoyaron la moción parlamentaria que trató de destituirlo? ¿No vio acaso que –como era predecible— salieron criticándolo apenas concluido el acto del lunes?

“Chile cambió” y, para enfrentar la convulsa nueva realidad, el gobierno decidió salvarse a sí mismo abandonando las convicciones que alguna vez dijo tener. En lugar de buscar respuestas en su recetario, recurrió al de una oposición que presiona sin transar mientras La Moneda retrocede sin parar. Sebastián Piñera no ha renunciado a su cargo, pero sí a muchos –demasiados— de los principios que se comprometió a promover. La paradoja es que el gobierno va en camino de ser el más izquierdista en el país desde 1973: subirá los impuestos y el gasto público, reducirá la jornada laboral, creará un sistema mixto de pensiones, aumentará el salario mínimo, entregará bonos por doquier, fomentará la injerencia de organismos internacionales en el país (especialmente los vinculados a los DD.HH.), y promulgará una nueva Constitución redactada por una asamblea constituyente, entre otros logros. ¡Vaya contradicción! Ni siquiera Bachelet se atrevió a tanto.

Pero, para su desgracia, mientras más insiste, menos gente le cree. Cada vez está más solitario e impopular.

Seguramente, esta tendencia irá acrecentándose a medida que los procesos constituyente y electoral cobren fuerza. Es probable que Piñera firme una nueva Constitución sobre cuyos contenidos tendrá muy poca influencia, y a lo mejor tenga algo que decir en la selección del candidato de la centroderecha para 2022, aunque lo más probable es que todos corran contra él.

Quizás la derecha aprenda la lección y elija un candidato distinto. Uno con el coraje y la visión suficientes para jugársela por los principios que dice apoyar y que, de llegar a La Moneda, no se transforme en un remedo de lo que prometió ser.
Uno que, al menos, no festeje las derrotas.

 

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