Opinión – Cómplices

25

La camarilla corrupta que gobierna en Venezuela no ganó nada con la farsa electoral del 20 de mayo; solo consiguió que se acentuara el repudio internacional en su contra. Tenían razón los opositores que se negaron a validar un proceso viciado desde la partida, y también los gobiernos que, como el de Chile, denunciaron el fraude antes y después de que se consumara. Si en Venezuela hubiera elecciones limpias y con verdaderas garantías, Maduro no tendría chance alguna; solo puede proclamarse vencedor en una votación tramposa, con adversarios maniatados, el aparato estatal a su servicio y el control total de la TV y demás medios.
Como es sabido, el régimen invitó a varios simpatizantes chilenos como “observadores” de la votación. Ellos fueron Alejandro Navarro, Daniel Jadue, Diego Ibáñez y Claudia Mix (diputados del FA), Aucán Huilcamán y otros. La misión que cumplieron no fue precisamente honrosa. En los hechos, avalaron una estafa, lo que hace dudar de su real compromiso con los procedimientos democráticos.
¿Qué mueve a los amigos chilenos de Maduro? Es posible que algunos de ellos estén agradecidos de la dadivosidad de Hugo Chávez en los primeros tiempos, cuando los dólares del petróleo corrían por América Latina, pero se supone que otros adhieren a ciertos ideales que ven materializados en Venezuela. Sin embargo, a la luz de los 19 años del chavismo en el poder, esos ideales parecen ser refractarios a la realidad: el 80% de la población vive en condiciones de pobreza y más de tres millones de venezolanos optaron por dejar su patria, en la mayor diáspora que haya conocido la región.
“Es que Maduro es de izquierda”, arguyen algunos. Y entonces hay que preguntar qué diablos significa ser de izquierda si quien la representa es un hombre primario, con escasos escrúpulos, contumaz en su ignorancia, que encabeza un régimen represivo y subordinado a las pautas de los jefes de La Habana. “Es que hay que defender la revolución”, dicen otros, y en ese caso la discusión se vuelve esotérica porque obliga a precisar qué clase de revolución es esa, que arruinó a un país que era próspero, liquidó las instituciones democráticas e instaló un régimen militar asociado con el narcotráfico. ¡Vaya revolución! Y todo eso en nombre de una entelequia llamada “socialismo del siglo XXI”, lo que solo ha logrado acentuar la percepción de que el socialismo es la negación de la democracia. ¿Ese es el sueño revolucionario que tienen para Chile?
Para ayudar al régimen que oprime a Venezuela, algunos abogan por la autodeterminación de los pueblos. O sea, quieren que cerremos los ojos ante las tropelías. Pero el principio de autodeterminación exige que el pueblo pueda autogobernarse, que los derechos humanos estén protegidos y las libertades garantizadas. Hablar entonces de autodeterminación respecto de países en los que son ahogadas las libertades significa simplemente aliarse con los dictadores.

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.