Objeción de conciencia

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Señor Director:

En este mes se cumplen dos años de la promulgación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Poco se ha hablado de los médicos que se han ocupado en ejecutarla, pero menos aún se ha comentado de quienes nos negamos a llevarla a cabo: los objetores de conciencia.

En el papel, la ley permite objeción de conciencia, pero en la práctica se vive algo muy distinto, porque solo se puede ejercer ese derecho dentro de un pabellón quirúrgico. Por lo tanto, entre otras cosas, el médico objetor debe informar a la paciente respecto del derecho a terminar su embarazo si cumple las causales, es decir, está obligado a ofrecer la muerte de un ser humano.

Además, no puede negarse a recetar o administrar fármacos abortivos, porque eso ocurre fuera de un pabellón; entonces, no está incluido en la figura de objeción según el reglamento de la ley.

Por último, cuando en un hospital son muchos los objetores, ya ha ocurrido que el proceso de inducción de aborto o parto prematuro lo inicia un no objetor durante el día, pero finalmente lo atiende un objetor, durante la noche de un turno, porque no hay quién haga el procedimiento, que a esas alturas se transformó en una “urgencia”.

En resumen, en ciertas circunstancias, la objeción de conciencia ha pasado a ser letra muerta.

Esto tiene especial relevancia por un motivo muy simple: los objetores estamos en desacuerdo con la ley, porque sabemos que en Medicina no existen procedimientos que impliquen ofrecer muerte, y en parte importante de los casos de causal 2 y la totalidad de los casos de causal 3, lo que se hace, abiertamente, es matar a un ser humano, sano o enfermo, durante su vida intrauterina. Así de simple.

Dr. Jorge Becker
Ginecólogo obstetra
Objetor de conciencia

 

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