No me tutee, por favor

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Confieso que me produce comezón ese trato familiar que dan algunos funcionarios a sus clientes. Los tutean como si los conocieran de toda la vida. Recibo a diario informes de ese tenor. Una empleada de cierta caja compensatoria a quien jamás he visto me envía un correo: “Fulano: Te escribo para decirte que tienes…”. ¡Qué tupé, no!

Me dan ganas de responderle: “Sabís que no me interesa, galla…”, pero creo que sería poco epistolar. En suma, no me gusta eso de andar tuteando a medio mundo. ¿Qué te parece a ti, lector? (Perdone, lector, es una broma.)

Bueno, entre humanos puede que la cosa no sea tan grave, pero que venga una máquina fría e impersonal a tutearme ya es el colmo. Un aparato que recién vengo conociendo me dice en su pantalla: “Ingresa tu RUT”. Qué se ha imaginado. Y no saca nada uno con enojarse y amenazarla: “¡Pedazo de chatarra insolente, te voy a desenchufar!”, porque ella, inmutable, insistirá: “Ingresa tu RUT”. (Qué tiempos; cuando no lo tutean a uno, lo tuitean.)

En cierta reunión de amigos me permití hacer una broma al respecto. Unas señoras me dijeron que las tuteara no más. Les dije que me perdonaran, pero “no acostumbro andar tuteando a tontas y a locas”. Entre risas, una de ellas dijo: “Qué buena anécdota, ¿eso lo dijo Unamuno o Benavente?”.

La RAE dice que con el uso de tutear “se borran todos los tratamientos de cortesía y de respeto”. Eso pasa. Claro que hay momentos en que tuteamos a un ser de mayor investidura que un rey. Con mucho respeto, le decimos: “…venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad…”. La diferencia es que a Él lo conocemos desde hace muchos años.

Mentessana

https://www.elmercurio.com/blogs/2020/08/12/81067/No-me-tutee-por-favor.aspx

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