No hay clases

0 73

A golpe de paros, la educación pública se ha ido deslizando hacia la decadencia. No obstante que el Estado está efectuando una inversión de 2.500 millones de dólares para mejorar las condiciones laborales de los profesores (Ley de Carrera Docente, 2016), los dirigentes del gremio demuestran tener prioridades distintas a la de asegurar la estabilidad y la continuidad de la labor educacional en los colegios municipales, donde estudian los alumnos provenientes de los grupos más vulnerables.

En 1990, la matrícula de los establecimientos públicos correspondía al 58% del total; hoy es de 35%. En ello ha influido significativamente el que miles de familias aspiran a que sus hijos reciban la mejor enseñanza posible, tengan clases todo el año en un clima libre de violencia y, desde luego, no sean rehenes del gremio de profesores. Para probarlo, allí está el creciente éxodo de alumnos hacia la educación particular subvencionada en los últimos años.

¿Preocupa esto a los dirigentes del Colegio de Profesores cuando llaman a un paro sin fecha de término? Nada lo indica. Por supuesto que tienen derecho a presentar sus demandas ante el Mineduc. Pero, ¿pueden observar con indiferencia el costo de las movilizaciones? ¿No les surgen dudas sobre el hecho de no atender a los alumnos que les han sido confiados? Es valioso que en Chile exista libertad sindical, pero ella, como todas las libertades, tiene los límites de la vida en democracia y del resguardo del interés colectivo. No puede ejercerse al precio de dañar a la comunidad. Y este es precisamente el caso.

El paro actual empezó el 3 de junio, con un petitorio que incluía la reducción de las labores administrativas de los profesores, la aplicación de la remuneración básica nacional a las educadoras diferenciales, el fin del doble proceso de evaluación docente, una bonificación de reconocimiento a todos los profesionales de la educación, la deuda histórica de 1981 y hasta los cambios curriculares. La propuesta que hizo el Mineduc la semana pasada recogió varias demandas, pero fue rechazada el lunes 1 de julio por amplia mayoría. O sea, nadie sabe cuánto tiempo más se prolongará la suspensión de actividades.

El Colegio de Profesores ha ganado notoriedad por la facilidad con que sus dirigentes llaman a detener la actividad docente. En su cúpula, compiten en intransigencia los partidos que buscan potenciar su poder gremial y político con una metodología de agitación que busca darle aires de epopeya a los paros prolongados. Sus dirigentes dicen incluso que así están “educando” a las nuevas generaciones. Es evidente que esos dirigentes tienen una grave confusión ética respecto de los deberes de los maestros hacia la sociedad.
No sirve que el gremio diga que está defendiendo la educación pública si en los hechos contribuye a hundirla. Es de esperar que, por lo menos, permita que los alumnos vuelvan pronto a clases.

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.