¿Necesitamos un relato?

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El senador Andrés Allamand insta a la centroderecha a “crear un relato”. Me imagino que para galvanizarnos, ordenarnos y entregarnos una cierta épica política.

La verdad es que a mí me dan susto los relatos: mientras más llamativos y más entusiastas fueron han llevado a las peores tragedias. Para no remontarnos muy atrás, pensemos en Robespierre y los jacobinos. Una revolución sin concesiones, que debería aterrorizar a los enemigos de la Revolución. Su ejemplo luego fue seguido por Lenin: gran relato épico del comunismo. Todos los proletarios del mundo dedicados a erradicar a la burguesía (tiene partidarios hasta hoy en Chile).

Y los “relatos” más entusiastas -ahora desde la derecha- fueron el fascismo y el nazismo: banderas, desfiles, lindos uniformes y preciosos himnos (Die Fahne hoch, y la Giovinezza). Y al igual que los relatos de izquierda, solo dejaron miseria y muerte.

Los grandes líderes conservadores del mundo nunca tuvieron “un relato”. Disraeli -lord Beaconsfield- no tenía más relato que hacer crecer el imperio británico, no siempre de muy buenas maneras. Lord Salisbury, tampoco tenía relato, salvo impedir que el imperio británico se achicara (la espléndida aislación). Tan respetado era, que jamás la revista Punch (de humor político) lo tuvo de material humorístico. Margaret (baronesa) Thatcher tampoco. Solo buscaba -como nuestro Diego Portales- algo muy simple: restaurar el orden y el respeto a las leyes y a la autoridad constituida. Privatizó empresas ineficientes, quebró monopolios sindicales. Le demostró al IRA irlandés, y a los militares argentinos, que no estaba para bromas, y que ella se tomaba las huelgas de hambre y las invasiones muy en serio.

¿Y qué une a todos ellos? No es un relato que desafíe la imaginación. Lo que esos grandes íconos de derecha buscaron -sin relatos, pero en forma inclaudicable- fue el respeto a las leyes y a las autoridades e instituciones, impidiendo con mucha convicción que fueran devaluadas. No había relato; no había circo, ni banderas ni uniformes; solo la convicción de que la verdadera libertad existe, cuando se cumple la ley y se respeta a la autoridad y a las instituciones que crean leyes, y luego las hacen cumplir.

Y en Chile, más que un relato emocional, la centroderecha debe hacer cumplir la ley en todo el territorio. Lograr que se respete la autoridad: carabineros, jueces, profesores y tantas otras autoridades que vemos devaluarse día a día, y que tanto mal nos hace. Ejemplos hay: se aplicó la ley y se arregló el tema migratorio; no se cumple la ley y tenemos a La Araucanía en llamas; se va poniendo mano dura a los portonazos, y éstos se reducen; se deja de aplicar la ley en las “narco poblaciones” y la verdadera autoridad la asumen los narco capos. Más que un relato, yo creo que bastaría hacer cumplir la ley, que las instituciones funcionen y, en definitiva, que todos sepan que con el estado de derecho no se juega.

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