Narcos: otro fracaso en ciernes

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Por Juan Ignacio Brito, periodista

Los narcotraficantes no pierden el tiempo. Aprovechan el vacío provocado por la indolencia de unas autoridades que muestran extraordinaria habilidad para distraerse en lo urgente y desatender lo importante. Ganan terreno allí donde lo pierde un Estado crecientemente fallido que no para de retroceder.

Su auge es una tendencia de larga data. Un informe del Observatorio del Narcotráfico de la Fiscalía Nacional señala que el incremento en la presencia de mafias narcotraficantes es un fenómeno que comenzó a registrarse a mediados de la década pasada y que hoy se ha expandido por todo el país. Ya en 2009, una investigación de CIPER reveló que “en la Región Metropolitana viven más de 660 mil personas repartidas en 80 poblaciones donde el hacinamiento, el abandono de las autoridades y la violencia asociada al tráfico de drogas son lo cotidiano”. Un líder vecinal de Renca me contó hace un tiempo que los carabineros no se atrevían a entrar a la población donde vivía y que él mismo debía arreglárselas con los narcos. Acordó con éstos que no habría comercio en la calle, pero que dentro de las casas podían hacer lo que quisieran.

Paso a paso, a pequeña y gran escala, Chile se convierte en una tierra pródiga para los narcos. En los últimos tres años han sido decomisadas, en diversos países, casi 25 toneladas de cocaína desde containers salidos de Chile. Mientras, los expertos asocian el alza de 34% en el número de homicidios este año a disputas territoriales entre bandas rivales. Además, los narcos sacan ventaja de conflictos y problemas sociales. Varios informes asocian la persistente violencia del estallido del año pasado con la acción impune de grupos narcotraficantes. Lo mismo ha ocurrido en el conflicto mapuche, donde, por ejemplo, Emilio Berkhoff, exlíder de la Coordinadora Arauco Malleco, fue detenido en un operativo que incautó más de 800 kilos de pasta base de cocaína.

El combate contra el tráfico de drogas es otra dimensión más donde el Estado está fracasando. Las autoridades cuentan con información, atribuciones legales y recursos para actuar, pero se han acostumbrado a comentar los hechos sin enfrentarlos. El amedrentamiento, la negligencia o la corrupción podrían explicar este fenómeno. Pero quizás la razón que mejor da cuenta de él es su desinterés por hacerse cargo de los problemas crónicos que afectan la convivencia nacional, sean estos las crisis ambientales en zonas de sacrificio, las esperas en la atención de salud, las indignidades del sistema de transporte o el auge narco. Nuestras autoridades llevan demasiado tiempo cuoteándose el botín del Estado como para ocuparse de usarlo para servir a la ciudadanía. Ese es el drama del Chile actual. Y ni siquiera una nueva Constitución nos rescatará de él.

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