Muerto el perro, ¿se acaba la rabia?

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Los videos de Gabriel Boric y Marisela Santibáñez tienen diferencias profundas. En el primero, es la imagen del Senador Jaime Guzmán con dos balazos en la frente lo que más impacta y la reacción del Diputado aparecería como algo meramente incidental. En el segundo, son las palabras y la disposición corporal de la Diputada Santibáñez, los que marcan los tiempos y la violencia de su alocución.

Pero tienen un elemento común: la rabia. Boric y Santibáñez no son los primeros ni serán los últimos en descargar toda su rabia contra Jaime Guzmán. El refrán dice que muerto el perro se acaba la rabia, pero en este caso, a pesar de los 28 años que han pasado, la rabia está lejos de acabarse.

Yo no soy un experto en Jaime Guzmán, pero hasta donde sé no mató ni mandó a matar a nadie. Al contrario, según constaría en su única declaración judicial en 1989, afirmó que intervino en muchas ocasiones cuando fue requerido respecto del paradero de algún detenido y que hizo gestiones para evitar consecuencias peores. De la misma forma, no se consideraba responsable de lo ocurrido en los derechos humanos, afirmando que tenía la íntima satisfacción de haber realizado todo lo que estaba a su alcance para que la situación vivida por Chile fuera superada con los menores dolores posibles.

No me consta, tampoco, que Jaime Guzmán se haya agarrado a golpes con alguien o que en sus intervenciones o a través de sus escritos actuara con violencia. Al contrario, muchos lo consideraron un intelectual y otros sólo un político, pero muchos reconocían en él una inteligencia superior y una sensibilidad humana en su actuar y proceder.

¿Por qué tanta rabia? ¿Por qué tanto desprecio por la vida de Jaime Guzmán?

En una entrevista, Jaime Guzmán afirmó que la izquierda lo odiaba de una manera muy virulenta y especial, y que era una de las personas más odiadas por los sectores marxistas de Chile. De cierta manera, reflexionaba, que esa gente simbolizaba en él, el odio que muchos tenían a los valores y principios que encarnaba. Luego de 28 años, quizás Jaime Guzmán sigue encarnando esos valores y principios que la izquierda detesta y por eso hoy, una Diputada muestra toda su inhumanidad al calificarlo como un perro y festinar con su muerte, sin que él pueda defenderse.

No toleran que gracias a Guzmán, entre otros, Chile haya podido evadir el destino de una dictadura marxista y que hoy, más allá de cualquier ajuste, siga encaminado hacia el desarrollo y con muestras de un orden institucional, económico y social que es la envidia de Latinoamérica. Quizás les molesta que el Gobierno Militar haya entregado el poder a los civiles y que la transición pactada haya ido cumpliendo sus hitos de manera pacífica, como ninguna otra dictadura, de izquierda o de derecha, lo hiciera. Quizás, finalmente, les indigna que a casi tres décadas de su asesinato, su figura, escritos y su diseño estructural de las instituciones chilenas sigan vigentes; mientras ellos añoran a un Presidente que se quitó la vida y cuyo único legado fue el discurso trasnochado en su última hora, fiel reflejo de una epopeya marxista que fracasó estrepitosamente.

“Por ello – y no por otro motivo – nos detestan tan virulentamente nuestros más variados adversarios. Nos detestan porque nos temen. Y nos temen porque nos saben irreductibles”, decía Guzmán hace más de tres décadas, quizás anticipando la suerte que correría.

Porque la rabia de Boric, Santibáñez y tantos otros refleja cuánto detestan a Jaime Guzmán y a todos quienes son herederos de su pensamiento y acción. Una rabia que es el resultado del temor que sienten respecto de sus ideas y de quienes, aún después de haber muerto acribillado por las balas, las siguen enarbolando y defendiendo. Una rabia, que al final del día, da cuenta de su irreductibilidad y de que, a pesar de los 28 años que han pasado, la izquierda no le permita descansar en paz.

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