Mitos

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Rolf Lüders

Economista

Se culpa al así denominado modelo chileno por los males que llevaron al estallido social del 18 de octubre, sosteniendo que es en extremo liberal. Esta afirmación es imaginaria (falsa) pero, de tanto repetirse, se ha transformado en una verdad ampliamente aceptada. En momentos de intentos refundacionales, aclarar conceptos es primordial.

En estricto rigor no hemos tenido en las últimas décadas un solo modelo, sino un único sistema económico-social. Los sistemas son conjuntos de reglas que rigen un proceso. En materia económico-social se distinguen principalmente por el rol del Estado o, si Ud. prefiere, por los grados de libertad de elección de los individuos. Pueden variar, en un continuo, desde sistemas centralizados como los de Cuba y Corea, por ejemplo, a economías de libre mercado, como aquella que Chile tuvo en buena parte del siglo XIX.

Conceptualmente la economía chilena de las últimas décadas se encuentra situada entre los dos extremos citados. Es una economía de mercado, sí, pero en ella al Estado le corresponde -además de las tareas mínimas de defensa, orden y justicia- la importante labor de corregir, si es costo-eficiente, las fallas de mercado. Es tarea del Estado asegurar que la actividad de los privados conduzca al mayor bienestar social posible. Este cometido es el que se conoce como el rol subsidiario del Estado y éste lo puede ejecutar regulando la actividad de los privados y/o asumiendo ciertas tareas directamente, dependiendo de lo que sea más eficiente.

Se sostiene a menudo que en Chile se han privatizado el gasto social y las obras públicas, entre otras cosas. Se trata de otro mito, que viene a reforzar aquel del extremismo. En algunas materias y para lograr una mayor eficiencia y ampliar los grados de libertad de elección, el Estado, en vez de ofrecer directamente los servicios correspondiente, ha optado por financiarlos y traspasar su producción -competitiva- a privados. Se trata de externalizaciones que no eximen la responsabilidad del Estado en sus resultados.

Sin embargo, y generalmente, aquellos que responsabilizan al sistema vigente por las bajas pensiones, la mala atención de salud, la baja calidad de la educación y los abusos, son partidarios de un grado mucho mayor que el actual de intervención directa del Estado en la economía. Lo hacen pensando en que el Estado -contrario a lo que sugiere la teoría del principal agente- es relativamente eficiente y que su rol en nuestra economía es menor, lo que es un mito. En nuestro sistema el Estado tiene los poderes necesarios para, y es el responsable de, asegurar que no se produzcan los males anteriormente listados. No nos confundamos, si esos defectos se produjeron, no es porque el así llamado modelo haya fallado o esté agotado, sino porque el Estado no ha hecho su tarea.

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