Machuca: la oposición al diván

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Los sectores que componen la actual oposición en el parlamento -los fragmentos de la Nueva Mayoría y el Frente Amplio- fueron los artífices de las reformas educacionales estructurales del gobierno anterior. Estas tienen problemas, graves y menos graves, y uno puede no compartir sus objetivos (como el exceso de regulación y el crecimiento de la burocracia), considerar que priorizaron equivocadamente (destaca el no haber enfatizado la educación parvularia) o que propusieron cosas que rayaban en lo absurdo (el diseño de la gratuidad universal y la “compra de fierros” seguro ocuparían el podio). Pero no se puede negar que sus reformas mantuvieron un leitmotiv permanente para el cual pusieron a disposición lo mejor de sus esfuerzos prácticos, políticos y conceptuales: la educación pública. El relato, el trasfondo político de los cambios educativos que proponían, pudiendo uno estar en desacuerdo, destacaron la unidad y coherencia de una visión de la educación pública. Uno podía criticarlos por la mala calidad de las soluciones, el extremismo de algunas propuestas, el poco cuidado con el diagnóstico y el desprecio por lo logrado en periodos anteriores, pero jamás por la falta de claridad y solidez de sus convicciones y la coherencia de sus planteamientos en relación al rol del Estado como proveedor principal y preferente de educación en todos sus niveles.

Algo ocurrió con la sola presentación del proyecto de ley de Admisión Justa que llevó a la oposición a perder este norte. La negativa a siquiera discutir esta iniciativa y la amenaza con rechazarla en primer trámite es el comportamiento habitual y la verdad es que no asusta mucho a nadie. Lo que no se logra explicar es esta idea de la “Ley Machuca”, de la cual por el momento solo se sabe que obligará a los establecimientos particulares pagados a reservar el 30% de su matrícula para estudiantes vulnerables. Algunos de los siguientes puntos son los que más llaman la atención.

Primero, parece olvidarse que la Nueva Educación Pública, la desmunicipalización diseñada en el gobierno anterior, se encuentra en plena implementación, y que uno de sus objetivos es reposicionar la educación pública como una opción atractiva para los padres. Para ello se requiere una administración y gestión seria, pero también un compromiso (en particular de quienes impulsaron esta ley) por promover la educación pública como un espacio en el que puede haber calidad, inclusión, diversidad y excelencia, además de una identidad propia. Todo esto se derrumba cuando algunos diputados plantean el acceso forzado de estudiantes vulnerables a la educación particular pagada como una alternativa que podría solucionar algo. La mejor manera de seguir destruyendo la educación pública es afirmar que la solución está en los particulares pagados.

Segundo, la oposición parece no entender que esta inclusión forzada, a la larga, beneficia enormemente a los particulares pagados. Si se financia mediante recursos fiscales, lo que la ex Nueva Mayoría y el Frente Amplio estaría creando es nada menos que un voucher focalizado, siendo que a duras penas toleran la subvención general por asistencia (en lo personal creo que, bien pulida, no es mala idea). Si deciden obligar a los establecimientos particulares a financiarlo, algo que es básicamente una expropiación, dichos colegios podrán absorber ese costo en el tiempo. Lo que no ve la oposición es que, sin importar como se financie, la Ley Machuca provocará que la brecha entre particulares pagados y la educación pública se acrecente aún más: la diversidad y la inclusión mejorarán las experiencias educaciones de los más ricos, disminuyendo la segregación socioeconómica que la elección de sus padres les impone y que descubren solo al entrar a la universidad. Los colegios pagados serán así más inclusivos e integrados que la misma educación pública. ¿Son estos los objetivos de la oposición?

Finalmente, vale una reflexión sobre el rechazo al proyecto de ley Admisión Justa. Si ciertos sectores hoy en la oposición igualan educación pública con su propia visión de educación, estamos en graves problemas. La ventaja de la educación pública es que es de todos, y toda la sociedad debe sentirse representada en ella. Por eso, no todos debemos aceptar una educación igualitarista a ultranza, desconfiada de cualquier ventaja o diferencia entre los estudiantes y cínicamente despreocupada del aprendizaje. El liceo de excelencia, selectivo, meritocrático, exigente, inclemente quizás, no es del gusto de todos. Pero eso no da para prohibirlo.

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