LIDERAZGO POLITICO POSTPANDEMIA COVID.19

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Francisco Javier Vargas Galindo

*“No es sorpresa para nadie en Chile  cómo se han deteriorados las Instituciones del Estado, ante la opinión pública  nacional, según la encuesta CEP, dic/2019:  Gobierno(5%), los partidos políticos(2%), la aprobación del Congreso Nacional(3%), Ministerio Público(6%), Trib. De Justicia(8%)  no podrían estar más deslegitimadas”. Ver encuesta  en
https://media.elmostrador.cl/2 020/01/CEP84-CONFERENCIA.pdf
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https://media.elmostrador.cl/2020/01/CEP84-CONFERENCIA.pdf>*
29/5/2020. *Francisco Javier Vargas Galindo, ex Profesor UCAB. Caracas.
Magister en Ciencias Militares, Mención en Conflictos y Negociación
Internacional, ACAGUE 2006.*

Es increíble lo poco o nada que han servido las inútiles Cumbres Iberoamérica, las desoídas Resoluciones contra la corrupción  de las ONU.,
las políticas de desarrollo del Banco Mundial, Estudio de la Democracia del PNUD, los indicadores de gobernabilidad del Instituto para la
Gobernabilidad del BM,  han tratado recurrente y ampliamente estas materias de fortalecer las instituciones domésticas, elevar la calidad de la
política, Estado de Derecho, modernizar el Estado, control de la corrupción y el obsceno derroche de los recursos públicos y la ética de los gobiernos.
Todas esas buenas intenciones, fotos  risueñas, anécdotas y comunicados quedan en el olvido por falta de voluntad política en hacerlas, lo que ha
desprestigiado totalmente el sistema político tanto en América Latina como España.

Sin embargo, lo que no lograron las instituciones citadas, lo logrará el COVID.19,  con el surgimiento de un nuevo liderazgo político más cercano y
más humano con las personas.  y mejor preparado que el actual  para enfrentar las prioridades del país: el crecimiento económico y mejorar la calidad de vida de las personas.

En efecto, las deficiencias anteriores, en el caso chileno, se han agravado con la crisis sanitaria COVID.19, ha desenmascarado tanto la ineptitud,
irresponsabilidad,  inmadurez, insensatez de la clase política del país, al no condenar ni castigar la sedición, de los anarquistas de extrema
izquierda al deteriorar el Estado de Derecho, como los problemas sociales sin resolver desde 1990,  agravados por una deshumanizada emigración del gobierno de la ex Pdta. MBII. Y lo más insólito, lo han hecho deliberada e impunemente.

Y esto, se evidencia en la alta abstención(56% del padrón electoral), le quitó legitimidad a las autoridades electas. (Ej. en la elección de 2014,
la ex Pdta. Bachelet salió electa con el 25%  del Padrón electoral aprox. 12,5 millones). Por ello, la renovación política en 2021, reeencantará  a
los abstencionistas, y darán la mayoría en el Congreso y municipios, recobrando el Estado de Derecho, la confianza de los inversionistas y facilitará  la recuperación económica del país y la solución de  los
problemas sociales.

Lo ocurrido con la votación del proyecto reforma del Congreso, ha sido vergonzoso, la reiterada violación de la Constitución es incomprensiblemente estúpida   y agravará el desprestigio y rechazo a los arlamentarios y al Poder Judicial. Ojalá en próximo Congreso sea mejor preparado, porque la estabilidad política constituye un eslabón crucial del conjunto y condición esencial para el desarrollo económico.

La democracia funciona con instituciones fundamentales que son el Poder Ejecutivo, el Parlamento, los partidos políticos y la vigencia efectiva de
un Estado de Derecho;  era indiscutible la autoridad y la sólida legitimidad de la Presidencia, pero ahora es débil e inoperante, vemos con preocupación  una declinación terminal del prestigio y legitimidad del
Ejecutivo,  Parlamento, los partidos y del Poder judicial. Así lo demuestran la falta de reacción y condena a los actos subversivos del 18/O cometidos por la extrema izquierda y promovidos por la estrategia regional del FSP o Grupo de Puebla como lo han disfrazado las marionetas criollas partidarias de esta nefasta organización terrorista Castrochavista o nuevo
comunismo gramsciano, pretenden imponerlo en Chile, esta vez, por la vía violenta socavando las instituciones y por ende, la gobernabilidad del
país, después de haber fracasado en el gobierno de MBII y  por la vía electoral de dic. 2017.

La democracia es representativa o no es tal. Son partidos políticos los que desempeñan funciones de representación y de articulación de las diferentes
visiones existentes en la sociedad y en los partidos los que forman y dan sustentación a las mayorías políticas indispensables para dar gobierno. Un
Parlamento de puros independientes sería un caos.

La responsabilidad primera de esta tarea recae en el Estado y en la propia clase política. Se requiere el fortalecimiento técnico de los partidos y
del Parlamento, la integración permanente de las dimensiones políticas y técnicas de los problemas mediante procesos de interacción, consulta e
información suficiente para dar a las decisiones políticas el respaldo de los elementos de la realidad objetiva. Necesitamos partidos políticos
disciplinados, con autoridad directiva, sentido de Estado que eleven el nivel del debate público, transparencia en su actuación, prevención de la
corrupción de que hasta hoy no nos hemos librado, incluso, de la injerencia del narcotráfico en la política, como ocurrió con el escándalo impune del
Municipio San Román, donde estuvo involucrado el PS.

En especial,  una nueva dirigencia política, no sólo reaccione ante las encuestas de opinión pública sino que sea capaz de ejercer liderazgo, de
orientar a la opinión pública, de enfrentar problemas, de no sentir la necesidad de ceder ante intereses corporativos opuestos al cambio; que sean
actores de la persuasión, la negociación y del compromiso razonable, pero también capaces de enfrentar conflictos con firmeza. Pero,sobre todo,
rescaten la ética , bien común, Estado de Derecho y principio de autoridad deteriorados en estos 30 años de regreso de la democracia.

Por su parte la sociedad debe devolver a la política y al servicio público el status y el reconocimiento perdidos por la sistémica descalificación de
lo público como ineficiente y parasitario, para poder atraer al servicio público y a la política un núcleo suficiente de los mejores de cada generación. Ojalá haya más intelectuales, técnicos, profesionales,
empresarios y dirigentes sociales dispuestos a asumir roles políticos. Esto implica una reforma electoral a fondo y sincera, donde se permita mayor participación a la sociedad civil y sacar a las cúpulas políticas y sean los ciudadanos quienes seleccionen a sus representantes por nombre y apellidos, más preparados, más experiencia, de reconocida integridad, y que
hayan tenido una trayectoria profesional o laboral que entiendan los problemas y desafíos del país, obviamente mejoraríamos la calidad del Parlamento, que ahora da vergüenza por la cantidad de analfabetos
funcionales que lo integran y es prioridad, antes de las elecciones de 2021, volver al número original de parlamentarios y rebajar sus elevadas e
insostenibles dietas y gastos mensuales.

La reforma o modernización del Estado es una tarea pendiente que nos
conducirá a un Estado sin duda más pequeño, pero también más fuerte, más
capaz en lo que en definitiva tenga que hacer, el actual está colapsado. El
rol preciso del Estado y su tamaño no pueden definirse a priori; serán el
resultado del análisis caso a caso de los diversos problemas y de la
respectiva decisión ciudadana, entre ellos, terminar con el obsceno e
impune derroche y corrupción de los recursos públicos, más transparencia e
integridad en la gestión de éstos, con rendición de cuentas auditadas por
empresas éticas e independientes. Terminar con la impunidad de las
autoridades públicas de elección popular y del Poder Judicial por sus malas
decisiones.

Es preciso señalar lo que destruye la democracia y sus instituciones es la
impunidad de los partidos antidemocráticos del PC/FA, y otros, miembros
activos de la organización regional extremista FSP, que están empeñados en
imponer el modelo castrochavista fracasado. De comprobarse judicialmente su
injerencia en los actos sediciosos, a éstos deberían aplicársele el rigor
de la ley dejarlos inhabilitados políticamente por no creer en la
democracia, como lo advertía el insigne y valiente periodista y escritor
Jean Francois Revel (Cómo terminan las democracias)

La sociedad debe exigir mayor calidad, pero también contribuir a la
elevación del nivel de la política y el fortalecimiento de sus
instituciones fundamentales. Los medios de comunicación deberían jugar un
papel fundamental para lograr ese objetivo y no continuar insistiendo en el
discurso anti-partido que es también anti-político. Y la preocupación es
que no estamos cambiando de paradigma político, sino abandonando el que
teníamos para quedarnos sin nada. Y lo estamos viendo  preocupación, en lo
político el vacío se llena con la anarquía, con la fuerza, o con las dos
juntas. Los  vándalos anti-sistemas, son cada día más violentos por la
impunidad en que actúan producto del apoyo de los partidos antidemocráticos
y protegidos por la organización local de los DDHH.y los Fiscales de
izquierda del Ministerio Público

También el empresariado debe jugar un rol positivo en este sentido si
supera sus temores y desconfianzas, en gran medida producto de los traumas
de un momento específico de nuestra historia.

Termino con las premonitorias palabras del Monseñor *Felipe Arizmendi*, obispo
de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México), ratifican lo expuesto en
los párrafos anteriores:

*“En los últimos años, la política  parece retroceder frente a la agresión
y la omnipresencia de **otras formas de poder, como la financiera y la
mediática**. Es necesario relanzar los derechos de **la buena política**,
su **independencia**, su capacidad específica de **servir al bien públic**o,
de actuar de tal manera que **disminuya las desigualdades**, promueva
el** bienestar
de las familias** con medidas concretas, de proporcionar un marco sólido
de **derechos y deberes** -equilibrar unos y otros- y de hacerlos eficaces
para todos.”*

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