Las Resoluciones Políticas de Chillán y La Serena

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Voto sobre Política Nacional aprobado en Chillan

1. El Partido Socialista, como organización marxista-leninista, plantea la toma del poder como objetivo estratégico a cumplir por esta generación, para instaurar un Estado Revolucionario que libere a Chile de la dependencia y del retraso económico y cultural e inicie la construcción del Socialismo.

2. La violencia revolucionaria es inevitable y legitima. Resulta necesariamente del carácter represivo y armado del estado de clase. Constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y, a su ulterior defensa y fortalecimiento. Sólo destruyendo el aparato burocrático y militar del estado burgués, puede consolidarse la revolución socialista.

3. Las formas pacíficas o legales de lucha (reivindicativas, ideológicas, electorales, etc.) no conducen por si mismas al poder. El Partido Socialista las considera como instrumentos limitados de acción, incorporados al proceso político que nos lleva a la lucha armada.Consecuencialmente, las alianzas que el partido establezca sólo se justifican en la medida en que contribuyen a la realización de los objetivos estratégicos ya precisados.

4. En 1957, el Partido Socialista formuló, en términos generales, la política Frente de Trabajadores. La experiencia histórica nos permite enriquecerla en los siguientes términos:La Política del Frente de Trabajadores propugna la unidad de acción del proletariado, campesinos, y clases medias pobres, bajo la dirección del primero. El Frente de Trabajadores se ve reforzado por la incorporación de sectores estudiantiles y de intelectuales revolucionarios a la lucha política por el Socialismo.Postulamos la independencia de clase del Frente de Trabajadores, considerando que la burguesía nacional es aliada del imperialismo y de hecho es su instrumento; por lo tanto, ha terminado por ser irreversiblemente contrarrevolucionaria. La alianza y compromisos permanentes con ella, ha traído sólo derrotas y postergaciones al campo de los explotados.Los acontecimientos vividos en América Latina durante los últimos años como consecuencia directa o indirecta de la revolución cubana han ido progresivamente continentalizando el proceso revolucionario y desplazándolo al terreno de la violencia, en la medida en que el imperialismo ha ido acentuando su estrategia continental y mundial contrarrevolucionaria para oponerse a los movimientos populares liberadores.La política de Frente de Trabajadores, se prolonga así y se encuentra contenida en la política de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, la que refleja la nueva dimensión continental y armada que ha adquirido el proceso revolucionario latinoamericano.El Frente de Acción Popular, ha constituido desde los últimos 10 años la expresión política de la clase obrera sobre la base del entendimiento de los partidos Socialista y Comunista de Chile.En las actuales condiciones chilenas y latinoamericanas, el FRAP debe adecuarse en sus objetivos y organización a la línea general de la política de OLAS, y debe estar destinado a convertirse en el Frente Político que una a todas las fuerzas anti-imperialistas revolucionarias que luchen consecuentemente por la revolución socialista.

5. La situación de Chile se caracteriza porque el equilibrio inestable de muchos años, la “coexistencia pacífica” entre las clases, están llegando a su término, en coincidencia con el agudizamiento de la lucha contra el imperialismo en escala continental.El fracaso de la política del gobierno de Frei, que ha precipitado este proceso, se expresa, entre otras cosas, por el estancamiento de la economía, por una inflación que se acelera, por la cesantía creciente y, últimamente, por el propósito de imponer por la fuerza una medida tan impopular como el reajuste inferior al alza del costo de la vida en el próximo año. El conjunto de las clases trabajadoras ha comenzado a reaccionar vigorosamente, con una unidad más amplia contra la política de despojo de la burguesía y el gobierno, y ante estas circunstancias, este último, previendo que la protesta nacional adquiera mayores dimensiones, ha montado y sigue desarrollando un aparato policial militar, destinado a la represión en gran escala. ¡HAY UNA GRAN CRISIS NACIONAL EN MARCHA! Paralelamente a la izquierdización de sectores cada vez más amplios de la población en el seno de los partidos burgueses, radical y democratacristiano, surgen directivas “izquierdistas”, que reflejan la inquietud en sus sectores de clase media. Por otra parte, pese a su servilismo, se ha endurecido la conducta del imperialismo frente al gobierno de Frei, porque este no ha aplastado, hasta ahora, al movimiento organizado.Además, de hecho, el gobierno democratacristiano ha perdido el apoyo del sector empresarial que le ayudó a llegar al poder. La gran burguesía, representada por el Partido Nacional, las centrales patronales, etc., ha recuperado su solidez y optimismo ante la posibilidad de convertirse en la alternativa yanqui para detener la insurgencia revolucionaria de las masas explotadas de nuestro país. A todo lo anterior se suma un descontento general con evidente pérdida del apoyo popular de que el gobierno democratacristiano gozó al comienzo de su mandato. Hay desplazamiento hada la Izquierda que cada día abarca sectores más extensos de la población, traducido en un descontento general lo que nos permite concluir que se están creando las bases reales para un cambio decisivo de las estructuras del poder.Se está creando un vacío político, que el imperialismo yanqui está dispuesto a no permitir que sea ocupado por las clases explotadasEn resumen, se están desgastando con extraordinaria rapidez las bases del régimen democrático burgués, hasta ahora relativamente estables en nuestro país.La evidencia dramática de lo que hemos concluido, está dada por el carácter adquirido por el último paro nacional organizado por la CUT. En este conflicto se desplegó el espíritu y voluntad de combate de los trabajadores a lo largo del país, superando los límites de una batalla con sentido estrictamente economista, en que se habían planteado las contiendas anteriores, y respondiendo con el coraje y valentía a la represión brutal y sistemática desencadenada por el gobierno.El partido debe tener plena conciencia de que, en el futuro, las contiendas gremiales se profundizarán y paulatinamente serán revestidas de un sentido político más preciso y definido, abriéndose ante las masas la cuestión del poder.La agudización de la ludia de clases y la tendencia del gobierno a acentuar las medidas represivas y a cerrar progresivamente el campo de la legalidad, obligan al PS a modificar substancialmente sus prácticas organizativas.Es imperativo de nuestro Partido convertirse realmente en una amplia estructura de núcleos profundamente enraizados en la clase, rodeados de una gama de organizaciones periféricas y preparados para afrontar las contingencias de la ilegalidad. El centralismo democrático y la disciplina consecuente serán convertidos en condiciones fundamentales para el funcionamiento del Partido en el nuevo “contexto político”.


El Voto Político de La SerenaLa posición política del PS aprobada en el XXIII C.G.O. quedó reflejada en un voto aprobado en forma unánime, y cuyo texto es el siguiente:

1. El triunfo electoral del camarada Salvador Allende y la posterior instalación de la Unidad Popular en el gobierno, tras de infligir una grave derrota a la burguesía y al imperialismo han generado nuevas y favorables condiciones a la clase obrera y a las masas chilenas, para una efectiva conquista del poder que hace posible iniciar la construcción del socialismo en el país. A su organización, grado de conciencia y experiencia combativa, los trabajadores suman ahora una correlación de fuerzas favorables y el control sobre una parte fundamental del aparato gubernamental. Sin embargo, las clases poseedoras conservan prácticamente todos los elementos para seguir ejerciendo su dominio de clase. En estas condiciones, el Gobierno Popular desenvuelve su acción entrabada por la institucionalidad burguesa y por la resistencia cada vez más activa desplegada en todos los planos por la reacción nacional y extranjera.

2. Después del triunfo electoral, la Unidad Popular debió enfrentar distintas reacciones políticas de la burguesía, cada una de las cuales encerraba el mismo objetivo contrarrevolucionario: impedir el ascenso de los trabajadores al aparato estatal. Unos intentaron crear el pánico y el caos económico; otros, que jugaron al golpe de fuerza fascista, vieron frustradas sus intenciones por el asesinato del General Schneider, que provocó un repudio nacional; otros buscaron ganar tiempo, bloquear el cumplimiento del programa e inmovilizar al gobierno popular tras la exigencia de las llamadas “garantías democráticas”. En los momentos actuales, la burguesía se agrupa alrededor de la Democracia Cristiana y secundariamente alrededor del Partido Nacional y de la Democracia Radical. La llamada “izquierda de la democracia cristiana” con su permanencia en ese partido y con su indecisión, está sirviendo de biombo a la Derecha y a los sectores reaccionarios que participan en la gran conjuración contra el gobierno del camarada Salvador Allende y contra los trabajadores. Sólo una política de transformaciones profundas y de aceleración creciente del proceso revolucionario obligará a una definición a los grupos de trabajadores democristianos.

3. En el campo de la masa trabajadora la victoria de la Unidad Popular ha permitido la superación de la influencia del reformismo burgués democristiano sobre una parte de ella. Además, esta victoria, a pesar de la desmovilización del pueblo producida después del 4 de noviembre, ha servido de estimulo a nuevas capas populares que plantean abiertamente sus aspiraciones y contribuyen a ensanchar y fortalecer el movimiento de masas. El conjunto de las medidas tomadas e iniciadas por el gobierno refuerzan objetivamente la potencialidad revolucionaria de la situación y agudizan la polarización de las clases.La contradicción entre las fuerzas crecientes de las masas y el poder de la burguesía definen esta etapa como un período esencialmente transitorio. Nuestro objetivo, por lo tanto, debe ser el de afianzar el gobierno, dinamizar la acción de las masas, aplastar la resistencia de los enemigos y convertir el proceso actual en una marcha irreversible hacia el socialismo.

4. Reconocemos autocríticamente que algunas de las acciones de los trabajadores han sobrepasado a las direcciones políticas de la Unidad Popular y están planteando, de hecho, la cuestión del poder. Reconocemos también con satisfacción que el compañero Presidente de la República ha estado en la vanguardia de las iniciativas por el cumplimiento del programa»El Congreso General del Partido Socialista, junto con reconocer y respaldar plenamente la acción realizada desde la presidencia por el camarada Salvador Allende, afirma que la vanguardia del proceso revolucionario chileno debe estar constituida por los partidos de clase obrera como fuerza motriz de la lucha social. Es responsabilidad de estos partidos reencontrarse con la lucha de masas, ayudar a superar el carácter economicista que todavía predomina en muchos de sus sectores y orientarla en un sentido político revolucionario.

5. El Congreso General del Partido Socialista reconoce que la conformación política de la Unidad Popular refleja una composición pluriclasista cuya naturaleza se expresa en el gobierno, donde confluyen tendencias obreras, pequeño burguesas y burguesas.Estas contradicciones de clase existentes en la Unidad Popular serán superadas por la dinámica revolucionaria de las masas trabajadoras encabezadas por sus partidos de clase. Contribuirán a la solución de estas contradicciones la aplicación consecuente del programa de la Unidad Popular y la lucha ideológica que debe darse en su seno y entre las masas. En este sentido, de acuerdo con las bases programáticas de la Unidad Popular, que permiten mantener a cada partido sus propios perfiles políticos, el Partido Socialista reafirma su política de clase y la necesidad de la dirección de la clase obrera en la conducción de la lucha de liberación económica y social que libran las masas trabajadoras y demás sectores explotados y oprimidos contra la burguesía nacional y el imperialismo. Postula la independencia de clase de los trabajadores frente a la burguesía chilena que, como clase sostenedora del orden vigente, constituye junto con el imperialismo una fuerza irreversiblemente contrarrevolucionaria. Las alianzas y compromisos permanente con ella han traído solo derrotas y postergaciones en el campo de los explotados.Consustancial con esta política del Frente de Trabajadores y como una exigencia concreta de las tareas que enfrenta el movimiento popular, surge la necesidad de fortalecimiento de la unidad socialista comunista, cuyas diferencias deben superarse en la acción y a través de la discusión ideológica. Igualmente, las relaciones de los partidos socialista y comunista con otros movimientos marxistas se deben definir en la acción, estableciendo las alianzas políticas que sean necesarias en función del proceso de la revolución chilena.

6. La presencia obrera en el gobierno no puede significar dependencia del movimiento de masas respecto del aparato gubernamental. El Partido Socialista mantiene su criterio de que las organizaciones sindicales y populares deben desarrollar su propia personalidad. Más aún, los trabajadores organizados deben prepararse e irse incorporando el ejercicio real del poder, a través del manejo directo de las instituciones y organismos directos del Estado. El Partido Socialista luchará por revitalizar los comités de Unidad Popular y convertirlos en instrumentos del poder político de las masas trabajadoras en el nuevo Estado.A los comités de Unidad Popular les corresponde integrarse activamente a las tareas que deben cumplir los organismos de clase y de masas, como sindicatos, juntas de vecinos y otros, los cuales deben servir de vehículos naturales de expresión de las luchas reivindicativas y sociales que deben elevarse a un nivel crecientemente político. En este campo la Central Única de Trabajadores debe ampliar, reforzar y agilizar su organización, a fin de ponerla a tono con las decisivas circunstancias que vive el movimiento social chileno.

7. Las condiciones particulares en las cuales la Unidad Popular ha llegado al gobierno, que la obligan por ahora a participar con toda clase de limitaciones en un estado burgués, no deben constituir un pretexto para que el gobierno juegue un papel de arbitro en la lucha de clases. Por el contrario, en los conflictos que se susciten, el gobierno debe colocarse resueltamente al lado de los trabajadores.

8. Consecuente con estas premisas, el Partido Socialista luchará por convertirse en la vanguardia revolucionaria de esta etapa, desarrollando una política que tienda a crear aceleradamente condiciones para cambiar, durante el ejercicio de este gobierno, el carácter capitalista del sistema vigente para transformarlo en un régimen socialista En consecuencia, el contenido de la política del Partido se determinará en función de los propósitos esenciales del programa de la Unidad Popular, que pretende terminar con los monopolios nacionales y extranjeros, con el poder de la oligarquía terrateniente e iniciar la construcción del socialismo mediante la acción unitaria y combativa de las masas trabajadoras, como protagonistas fundamentales.Junto al propósito de atender a las necesidades más urgentes de las masas, especialmente de sus sectores más empobrecidos; junto a la disposición de ampliar la base social de sustentación del gobierno y fortalecer políticamente al movimiento de masas, el Partido Socialista concede especial prioridad a aquellas medidas programáticas que vayan minando el poder capitalista y conecten las tareas democráticas burguesas con las tareas socialistas en un mismo e ininterrumpido procesoEn este sentido tienen especial urgencia las siguientes medidas:

a) Nacionalización de las empresas imperialistas, nacionalización de la banca y de los seguros, expropiación de los grandes monopolios y empresas de utilidad pública, y estatificación del comercio exterior.

b) Reforma agraria drástica apoyada en la movilización de los campesinos.c) Salarios mínimos y asignaciones familiares iguales para obreros, campesinos y empleados, escala móvil de sueldos y salarios, y absorción rápida de la cesantía.d) Incorporación de los trabajadores al ejercicio pleno del poder, desarrollando la gestión obrera en las empresas nacionalizadas, el control obrero cuando sea necesario y construyendo desde la base una nueva estructura política que culmine en la Asamblea del Pueblo.

9. Dentro de estas perspectivas necesitamos un Partido Socialista vigorizado por la aplicación estricta del centralismo democrático; que se desarrolle en primer lugar entre la clase obrera; que reconozca la legitimidad y necesidad de la lucha ideológica; que eduque su militancia en ella y que rechace enfáticamente toda tendencia burocrática y caudillista.Sólo cumpliendo estas premisas, el Partido Socialista podrá prepararse a si mismo y a las masas para el decisivo enfrentamiento con la burguesía y el imperialismo. Reconocemos que este enfrentamiento forma parte del cuadro general de la lucha revolucionaria en América Latina y en el mundo entero, y nuestra línea de acción estará encuadrada dentro de estas perspectivas generales. Por lo mismo, el Partido Socialista irá a la extensión y consolidación de lazos concretos con todos los movimientos y organizaciones revolucionarias del mundo.

LOS PRIMEROS DIRIGENTES SOCIALISTAS

Es interesante conocer quienes fueron los primeros dirigentes del Socialismo Chileno. El Comité Central elegido en el I Congreso, celebrado en Octubre de 1933 en Santiago, fue el siguiente: Secretario General: Óscar Schnake Vergara. Miembros: Marmaduque Grove Vallejos, Eugenio Matte Hurtado, Ramón Alzamora Ríos, Arturo Bianchi Gundian, Víctor López Trigo, Carlos Alberto Martínez, Albino Pezoa Estrada, Benjamín Pina, Augusto Pinto, Zacarías Soto Riquelme y Alfredo Withe. Secretario Ejecutivo: Eduardo Ugarte Herrera. Secretario de Finanzas: Carlos Alberto Martínez: Secretario Electoral: Arturo Bianchi.

Junto a la dirección central funcionó un Comité Político integrado por algunos miembros del Comité Central y destacados militantes como Alberto Baloffet, Femando Celis Zegarra, Óscar Cifuentes Solar, Carlos Charlin Ojeda, Rene Fuentes Venegas, Juan Gómez Millas, Eugenio González Rojas, Mario Inostroza Rojas y Ricardo A. Latcham.

El Comité Central elegido en el segundo Congreso, celebrado en diciembre de 1934 en Valparaíso, volvió a ser encabezado por Schnake y lo integraron: Marmaduque Grove, Arturo Bianchi, Carios Alberto Martínez, Augusto Pinto, Benjamín Pina, Horado Calderón, Albino Pezoa, Carlos Matus, Rolando Merino y Asdrubal Pezoa. Se confirmó a Ugarte, Martínez y Bianchi en las mismas secretarías anteriores y se designó Secretario de Defensa a Marmaduque Grove: Sindical a Horacio Calderón y de Agitación y Propaganda a Guillermo Ovalle

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