La “ideologitis” perversa

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El término “ideologitis” se refiere a la inflamación de la ideología. Es una extraña enfermedad que nubla el juicio de realidad y que induce a quien la padece a tomar decisiones equivocadas en perjuicio de las personas a quienes busca beneficiar. Es de muy difícil curación porque quien la sufre, en vez de disminuir las afecciones que provoca el exceso de ideología, las exacerba.

Esa enfermedad se manifiesta mucho en el sector salud, por ejemplo. El gobierno de la Nueva Mayoría desechó la construcción de seis hospitales diseñados y licitados por el primer período de Sebastián Piñera porque la ideología lo llevó a concluir que era más caro, que el lucro en salud es malo, que el neoliberalismo, etc. El resultado es que paralizaron una inversión superior a los mil millones de dólares, que incorporaba 2.450 camas nuevas; como se demostró después, el costo promedio de los hospitales que licitó la segunda administración de Michelle Bachelet fue superior al de los que venía haciendo Salud desde 2007, financiando las construcciones con recursos privados y licitaciones a través del MOP.

Las consecuencias de esa mala decisión todavía afectan a los vecinos del Hospital Sótero del Río, por poner un ejemplo, cuyas obras partirían en 2020, seis años después de lo planificado, cuando fue adjudicada su construcción en febrero de 2014. El hospital, según el contrato, debía estar concluido este año, pero con los cambios introducidos, donde el financiamiento es con recursos sectoriales, sólo ocurrirá en 2025. Buenas intenciones, pero el exceso de ideología complicó los resultados.

Algo similar ocurre con la “ideologitis” que propugna tener un solo sistema de salud en Chile, que, por supuesto, tiene que ser estatal. Igual de malo para todos, me dijo un amigo, porque sólo así podrá mejorar, producto de la presión de las élites. Pero eso tampoco es cierto. Un estudio de la Asociación de Isapres, publicado recientemente, demostró que el gasto per cápita en salud sube en forma exponencial en el sistema público, a pesar de lo cual no mejora la calidad ni el acceso. Aunque para la izquierda la inequidad en el Fonasa es producto de la falta de recursos, el estudio demuestra que hay apenas $7.474 de diferencia entre lo que gastan el Fonasa y las isapres por persona mensualmente. En 1990, el gasto per cápita de las isapres triplicaba el de Fonasa, en el año 2000 era 2,2 veces y el año pasado, se redujo a 1,2 veces.

A pesar de la disminución de la brecha de recursos y los mayores gastos en el sector público, en septiembre de 2017 había 1,8 millones de personas esperando atención por patologías no GES, y por GES, casi 10 mil. La deuda hospitalaria, a su vez, llegó a su record histórico en el período anterior. Prácticamente con los mismos recursos, el sistema de isapres otorga 268 prestaciones en promedio por paciente al año, mientras que Fonasa, apenas 19.

Pudiéramos llegar al absurdo de que en unos pocos años el sector público gaste más que el privado en sus pacientes y aún así, haya diferencias notables de acceso y calidad. Pero, ¿darle un voucher a las personas del Fonasa para que elijan donde atenderse y sin tener listas de espera para operarse o atenderse con especialistas? Nooo, ni hablar, eso es introducir el mercado en la salud, es mejor seguir gastando mal y tomar las decisiones por los casi 14 millones de usuarios del sistema público, aunque es probable que ellos considerarían un sueño tener la posibilidad de elegir entre diferentes prestatarios privados y públicos y poder exigir buena atención. La ideología piensa por ellos y los condena a lo malo y caro.

Esa misma “ideologitis” se manifiesta también en el apoyo de la izquierda a un régimen como el de Maduro, que en nombre del socialismo del siglo XXI tiene condenados a los venezolanos al hambre, a la falta de libertad y de medicamentos, a una inflación sobre el millón por ciento, según el FMI, y a tener que abandonar su patria. El próximo año, según las Naciones Unidas, se sumarán otros dos millones a los tres millones de personas que ya han abandonado Venezuela, a veces con lo puesto, buscando lo básico en tierras extrañas.

El líder de Podemos de España, Pablo Iglesias, que siempre defendió el modelo chavista, por primera vez admitió esta semana que la situación en el país era nefasta. Nuestra extrema izquierda criolla, sin embargo, alucinando, continúa defendiendo el modelo socialista bolivariano, esta semana incluso con visitas mapuches honorables, lideradas por Héctor Llaitul, de la Coordinadora Arauco Malleco. Una manifestación patente de “ideologitis” sin cura posible.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Líbero, www.ellibero.cl

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