La historia no condena

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¿Cambia el papel de Frei en la historia con la sentencia del juez Madrid? Se ha sostenido en estos días que el contexto -su “prueba histórica”- condena a la dictadura y de paso a seis personas. Cuestionable alcance que se le atribuye a una decisión judicial, e ¿importando cuánto la equidad que supone atenerse al caso concreto?

Las sentencias obedecen a una convicción a la que llega un juez; como tal, mandan y se les acata. Pero sucede que no existen sentencias en historia. Un veredicto histórico no resuelve nada; no cierra el círculo, ni detiene la discusión; no penaliza ni ejecuta, no produce cosa juzgada. Y esto porque la historia no condena ni absuelve; a lo sumo, acusa o sirve para seguir indagando. Intenta sancionar y corre el serio riesgo de que se la tilde de tendenciosa, no debidamente matizada. Fidel Castro gustaba manejarse en esos términos; creía que la historia lo absolvería.

Curioso, además. Cuando se discutía recientemente sobre el valor de la memoria por sobre la historia, se llegó a argumentar que el contexto no debía tenerse en cuenta, porque exculparía, serviría para negar o rebajar la gravedad de hechos condenables. Ahora sucede que se afirma lo opuesto. Es más, un asesinato validado por inferencias históricas, a falta de mejores pruebas en un fallo discutible, no deja de ser complicado. Puede que se le confirme en apelación y en la Corte Suprema, pero ¿qué impide que a dicho razonamiento inferencial se le objete en estudios históricos y reflexiones no jurídicas?

A su vez, la sentencia, por sí sola, ¿en qué sentido modifica la figuración histórica de Frei? Que se le asesinara no tendría por qué exculpar a un mandatario que, como a pocos otros, se le ha tachado de responsable en producir el descalabro político y social de los años 60 y 70. Nada indica que vaya a minimizar su culpa en el fomento de odiosidades o el haber generado divisiones insalvables, resentidas, en Chile; que se le deje de ver como acomodaticio y errático; o que se nos olvide que su candidatura en 1964, apoyada por fuerzas foráneas, originara el debilitamiento institucional en el país. En fin, se nota que no se está recurriendo a la historia para explicar y entender, pensar y mirar las cosas, que a ello aspira, sino hacer primar un afán puramente justiciero.

Fallo débil, críticas contundentes, lo hemos estado viendo. Y, en lo que toca a la historia, para nada una prueba, habiéndosela reducido a tan solo un recurso para armar un alegato forense.

Sería conveniente, pues, que los jueces no incursionen en ámbitos que no les competen. Pecan de ideológicos, sin saber filosofía política; psicologizan más de la cuenta; confunden su papel haciendo de activistas sociales, y ahora pretenden dictar sentencias basándose en la historia. Siguen así, ¿y la justicia? ¿Sálvese quien pueda?

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