La hija de la Concertación

0 92

José Francisco Lagos

Director Ejecutivo Instituto Res Publica

Al inicio del “estallido social” y de la violencia desatada, la primera respuesta de la política no fue el cambio constitucional, sino que intentar responder a necesidades sociales concretas de la ciudadanía. A medida que la violencia no se resolvía, la política dio como respuesta el cambio de Constitución, a pesar de que quienes sostenían esa postura perdieron la elección presidencial de 2017.

Llama la atención la actitud de la centroizquierda de sumarse al carro de los grupos extremos, al decir que la Constitución actual sería la causa de todos los males de Chile, cosa que es altamente cuestionable. Sin embargo, si suponemos verdadera esa afirmación, parece bastante acomodaticia la actitud actual, desligándose completamente de cualquier tipo de responsabilidad por las respuestas que otorga la institucionalidad vigente.

La Constitución de 2005 es tan hija de la Concertación como de Pinochet, aunque a algunos les moleste. Evolucionó desde 1980 mediante constantes reformas, especialmente aquella amplia de 1989, que contó con gran respaldo popular. Fue legitimada sujetándose a esas normas institucionales con elecciones periódicas o recurriendo ante el Tribunal Constitucional, esgrimiendo argumentos de la propia Constitución. Pero lo más importante es que la legitimaron con la reforma más importante: la del 2005, liderada por el presidente Ricardo Lagos.

Esta reforma fue un acuerdo transversal, aprobada por el Congreso pleno, donde 150 de los 154 parlamentarios de ese entonces la respaldaron. No solamente tuvo el simbolismo de cambiar la firma de Augusto Pinochet y sus ministros, por la de Lagos y los suyos, sino que también se le hicieron 58 reformas simultáneamente, y solo unos cuantos artículos quedaron sin modificación: aquellos que están en las bases de la institucionalidad y los que protegen los derechos y garantías de las personas. Es decir, fueron reformados la gran mayoría de los aspectos normativos y prácticos de nuestra Carta Magna.

Hoy vemos cómo algunos personeros que estuvieron en ese tiempo dicen majaderamente: “hicimos lo que pudimos”. Curioso. Porque cuando uno “hace lo que puede” o simplemente concede algo que le duele, no se expresan cosas como las que dijeron en ese momento. ¿Cómo podemos interpretar estas palabras del entonces presidente Ricardo Lagos, al promulgar la Constitución?: “Tenemos hoy por fin una Constitución democrática, acorde con el espíritu de Chile, del alma permanente de Chile, es nuestro mejor homenaje a la independencia, a las glorias patrias, a la gloria y a la fuerza de nuestro entendimiento nacional.”

Hay dos opciones: dijeron eso y no lo creían, y, por lo tanto, mintieron; o bien hoy son incapaces de responsabilizarse de sus acciones, probablemente por falta de valentía. En ambos casos queda al descubierto una forma de actuar que no le hace bien a la política.

La hija de la Concertación

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.