La culpa no fue de las AFP

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Por César Barros, economista

Después del 10% de la otra semana, hay un par de reflexiones positivas del proceso (el que sumando y restando, fue una idea pésima). Uno, la gente pudo apreciar el valor de tener “su cuenta individual”, sin intermediarios, entes estatales ni burocracia. Compárelo cualquiera con el crédito Covid a las Pymes o lo que será el programa de gobierno para la clase media, en términos de agilidad, puntualidad y eficiencia. Para los que quieren ahí más Estado, o más burócratas, este proceso es ejemplarizador.

También hay otro hecho no menor: hay AFP eficientes y rápidas, y otras que, por hacer tiempo, pidieron fotocopias del carnet y otras necedades. Las AFP no son todas iguales y, al final, las que se ufanan de ser las más baratas, demostraron una ley de hierro: lo barato sale caro.

Pero vamos al origen del verdadero problema, que son las malas pensiones. El año 81 yo pagaba al sistema antiguo más del 20% de mi sueldo, para también tener una pensión pésima. Para hacer atractivo el cambio, se bajó el aporte previsional al 10%: populismo puro. Se subía el sueldo sin movernos del escritorio. Y hubo más. En esos años, la gente vivía mucho menos, el ingreso per cápita (mal distribuido) era de apenas US$ 5 mil, y los préstamos hipotecarios eran a UF más 12%. Bueno, 40 años más tarde se nos alargó la vida, subieron los sueldos y la tasa de interés de las inversiones bajó a UF más cero, pero el 10% de cotización no se movió ni un centímetro. La tormenta perfecta.

Ahora bien, esto no pasó de repente. Estos cambios (esperanza de vida, mayores sueldos y menores tasas de interés) siempre estuvieron a la vista de quien tuviera interés en la materia. También las malas pensiones, el problema de las lagunas, el escuálido 10% y todo lo que llevaba al mal resultado de las pensiones. Y la culpa no era de las AFP, que dieron resultados financieros excelentes, y a un costo muy barato. La culpa fue de los gobiernos, que viendo el problema no hicieron nada de nada. Vino Aylwin, y nada. Llegó Frei, y nada. Lagos, Bachelet I, Piñera I, y de nuevo nada. En Bachelet II hubo un atisbo tímido de cambio, y en Piñera II explotó con furia el drama de las malas pensiones. Pero en vez de echarle la culpa a los políticos y a los gobiernos, fue más fácil culpar a las AFP, de las que no dependen ni las tasas de interés, ni las lagunas previsionales, y mucho menos el porcentaje que se ahorraba. Y ahora están en la picota, pagando el pato de los gobiernos democráticos.

Y vean la dicotomía: quienes debieron haber hecho las correcciones, y no las hicieron, estuvieron después de directores de las AFP, y varios fueron ministros (Marshall, Viera-Gallo, Puccio, Rincón y Pacheco) o subsecretarios (Wagner). Rincón incluso fue ministra del Trabajo, y superintendenta de Seguridad Social. Nada hicieron desde sus cargos políticos, ni tampoco como directores del sistema de AFP. Son los verdaderos “cómplices pasivos” por no haber actuado, teniendo el poder para hacerlo desde sus gobiernos, y desde sus directorios. Ahora algunos enmudecen y otras rasgan vestiduras, como Rincón, la exministra Provoste y otros que en su momento pudieron corregir el sistema. O al menos meter ruido con el tema. Ahora nos topamos con una realidad que no tuvo por qué ser tan lamentable.

https://www.latercera.com/opinion/noticia/la-culpa-no-fue-de-las-afp/E7NFQFJLRRC6NCR4XMQYZALRXM/

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