Hora de patriotas

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Juan Ignacio Brito

Periodista

“Estamos sobrepasados”. Esa frase, confidenciada por la primera dama a una amiga hace veintitantos días, conserva hoy plena vigencia. El gobierno no logra estabilizar a un país convulsionado y se ahoga en contradicciones y dudas: concede y concede, pero no convence; declara una cosa y al rato está haciendo otra; quiere quedar bien con todos y desilusiona a moros y cristianos; defiende hoy lo que ayer criticaba; celebra derrotas. Ahora quiere ganar tiempo convocando a acuerdos de unidad, pero no es claro si, de ser alcanzados, estos servirán para apaciguar la violencia desbocada. Parece un barco sin rumbo fijo en medio de la tempestad y con un timonel que luce exhausto, desorientado y desprovisto de autoridad.

Nadie podría negar que el desafío que enfrenta Sebastián Piñera es titánico. Por desgracia, es lo que le tocó y está obligado a tratar de superarlo con éxito. El momento actual demanda convicciones firmes que orienten y den sentido a las decisiones y capacidad de conducción para adoptarlas. No solo de Piñera; también de otros, pero él es el Presidente y tiene la primerísima responsabilidad.

El Mandatario hoy se ve mortalmente confundido: no proyecta seguridad ni muestra iniciativa clara. Solo reacciona. Su gobierno no consigue imponer el orden y las medidas que impulsa parecen determinadas por quienes protestan en las calles y recurren al amedrentamiento. La Moneda se encuentra en la curiosa posición de estar promoviendo cambios que hasta hace poco rechazaba de plano, desde la legislación laboral a la tributaria, pasando por la Constitución y las pensiones. Su debilidad es evidente y ha sido detectada por los manifestantes. Conscientes de su fuerza, éstos multiplican las demandas.

Carente de algún principio rector más allá del deseo por mantener la formalidad del poder, el Ejecutivo cede sin parar. La Moneda se ha ubicado en el vagón de cola del tren de los cambios. La agenda se impone por la vía de los hechos. El círculo se retroalimenta: los violentos son insaciables y redoblan la presión, como hemos visto esta semana. ¿Por qué habrían de desistir? Van ganando y lo saben.

¿Hasta cuándo puede durar esto? El país está sufriendo a manos de violentistas cuya acción impune no logra ser contenida. En esta situación, el Presidente tiene que ponderar si le quedan voluntad y convicción para conseguir el retorno a la normalidad que permita impulsar cambios en un ambiente de sensatez y legitimidad. De lo contrario, debe entender que una presencia sin capacidad de conducción amenaza con profundizar los problemas y tornar aún más complejo un escenario insoportable. Es hora de patriotas y Sebastián Piñera debe decidir qué curso tomará.

Hora de patriotas

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