¿Honoris causa o por la causa?

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Cuentan que un miembro de la familia real británica años atrás quedó muy impresionado durante una recepción con las condecoraciones de uno de los presentes, a quien le preguntó si eran por servicios militares -con tanto colgajo parecía árbol de pascua de casino castrense-, a lo cual el interpelado contestó que no, que él sólo había sido director de protocolo del servicio exterior de un país hermano (el cual mejor no recordemos). Similar es lo que ocurre con grados honoríficos que confieren las universidades, incluso las mejores del mundo.

Hacen levantar cejas, generan toda clase de dudas. La principal es que sirven para hacer pasar a los galardonados como doctores en propiedad cuando en ningún caso certifican haber cumplido con estudios formales (artimaña no desconocida en Chile). Otra suspicacia frecuente es que confiriéndose a benefactores financieros u otorgándose por razones políticas pueden producir disenso interno, por cierto, en planteles pluralistas.

Curiosamente, el Doctorado Honoris Causa a Judith Butler por la Universidad de Chile no ha suscitado resquemores que se sepan, aun cuando el tenor político con que cada una de sus exposiciones se hicieran acompañar la semana pasada, fue más que evidente; ya sea por la ostentación de su militancia feminista, como por haber permitido a la universidad aprovechar la oportunidad para manifestar su compromiso institucional con ésta y otras causas progresistas.

Un primer encuentro con Butler sirvió para lanzar un nuevo centro de Filosofía, Humanidades y Artes (existiendo instancias de este tipo), pero que según su director ha de entenderse distintamente, “como una responsabilidad y compromiso ético y político” despejando cualquier duda, mientras que en una siguiente actividad que congregó a cinco mil personas no fue necesario ser más explícito: “El objetivo del espacio fue debatir y reflexionar en torno a la ofensiva neoconservadora de la ultraderecha a nivel nacional e internacional, la importancia de la acción política feminista en este contexto, y la necesidad de avanzar con urgencia en el reconocimiento y respeto de los derechos fundamentales de las comunidades LGBTIQ” (www.uchile.cl/noticias). Así de taxativo, como también que nadie objetara semejante unanimidad de pareceres. De más está decirlo pero el carácter masivo de la ocasión difícilmente se prestaba para entablar un “diálogo”.

Leía hace unos días algo distinto, que John Sexton, expresidente de la New York University, refiriéndose a la labor de “autoridad moral” de dicho cargo, destacaba la necesidad de que las autoridades nunca deben imponer sus puntos de vista políticos a la institución en general. No por ello se dejaría de ser abierto de mente o con principios. En realidad, bien distinto. Nuestros honoris causa, en cambio, dan para todo.

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