Extrema izquierda

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A medida que el mapa de Sudamérica se fue tiñendo con los colores de derecha (ocurrió en otros continentes también), se fue haciendo más habitual el uso de la expresión extrema derecha para referirse a quienes, en distintas latitudes, iban obteniendo el favor de los votantes con ideas tradicionales de derecha. Jair Bolsonaro, con algunas de sus propuestas, alimentó esa tendencia. La moda llegó también a nuestro país, cuando se trató de calificar a José Antonio Kast. Sin embargo, esta expresión se ha usado muchas veces sin reflexión o análisis. Incluso en algunos lugares se habla de extrema derecha cuando no hay otro partido de derecha.

Pero jamás hemos escuchado a quienes usan esa expresión con tanta naturalidad referirse a la extrema izquierda. Y lo cierto es que, en Chile, si de expresiones políticas extremas se trata, lo que hemos tenido últimamente es extrema izquierda. Primero, el Frente Amplio, que se presentó ante los votantes como un movimiento variopinto, que incluía diferentes sensibilidades políticas y recogía inquietudes ciudadanas, ha ido cada vez extremando más sus posiciones y consolidando una alianza de facto con el Partido Comunista, que incluye una oposición cerrada al gobierno de Piñera y sus iniciativas legales, y la amenaza a la DC de no respetar un acuerdo político para la presidencia de la Cámara de Diputados, solo porque ese partido no se opuso a un proyecto de ley en materia de migraciones.

Gabriel Boric y Maite Orsini se reunieron en París con Ricardo Palma Salamanca, el asesino confeso del senador Jaime Guzmán, en el marco de una campaña que éste realizaba para impedir su extradición a Chile para cumplir condena. El gesto de los diputados del Frente Amplio, de apoyo al frentista, es una afrenta a la familia de Jaime Guzmán, que se viene a sumar, en el caso de Boric (lo supimos después), al episodio del regalo de una polera con una imagen del rostro acribillado del mismo senador, que provocó en el diputado risas y palabras de aprobación.

Esta conducta reiterada implica la normalización del asesinato de un rival político, que no se borra simplemente con excusas públicas innominadas y que representa una posición política extrema.

Como si esto fuera poco, tenemos las expresiones de la diputada Marisela Santibáñez, también del Frente Amplio, que se refirió al asesinato del mismo senador con las expresiones “bien muerto el perro”. Si bien éstas han sido intervenciones personales, que no representan al Frente Amplio, son reiteradas, y dan cuenta de una polarización de algunos de sus líderes, que los ha llevado a no respetar el límite de excluir la violencia de la política.

Queda, por último, la actitud ambigua frente al uso de la violencia en La Araucanía por parte de grupos radicales. Apoyar la reivindicación mapuche no puede significar hacerse los lesos ante el uso de la violencia, y parte de la izquierda lo ha hecho. El mayor riesgo de extremismo en la política chilena está hoy en la izquierda.

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