Éxito y fracaso liberal

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Alfredo Jocelyn-Holt

Historiador

Entre los muchos méritos del libro ¿Por qué ha fracasado el Liberalismo? (IES 2018) vale resaltar cómo su autor, Patrick J. Deneen, deja entrever cuán necesaria se ha vuelto una visión que podría caracterizarse de una vez por todas de conservadora en serio. Es que el liberalismo de hoy, aunque haya logrado un indiscutible éxito, se hunde o desfonda. Esa es su provocadora tesis. Nada que los liberales no lo sepan. The Economist lo plantea en su manifiesto de septiembre 2018: “El Liberalismo hizo el mundo moderno, pero el mundo moderno se está volviendo en su contra”.

Y no es para menos. Las ambigüedades del liberalismo podrán seguir prestándole oxígeno, pero lo han convertido en una abigarrada confusión. ¿Hemos de seguir calificando de liberales tanto a libertaristas como a progresistas, o a variantes algo más moderadas, incluso conservadoras? Desde el siglo XVIII, los liberales vienen agotando la casuística para sobrevivir. Valga de ejemplo su paradójica relación con la revolución: la inventan, la fomentan, se aterran y retractan de ella, la limitan constitucionalmente y, en ciertos casos, como con el neoliberalismo o el libertarismo derechista, la retoman hacia los años 1970. Sofisticada gasfitería que impide que exploten las cámaras de residuos y cañerías sanitarias, pero incapaz de erradicar la demanda de voluntad popular y los democratismos populistas y radicalizados de ahora último.

Lo que hace pensar que lo que Deneen llama su triunfo/fracaso no es más que el liberalismo volviendo a empatar consigo mismo, tan contradictorio se ha vuelto dadas las múltiples corrientes que lo reclaman. ¿Quiénes son más liberales, Obama, los Clinton o Trump? Y, entre nosotros, ¿el progresismo, alguna vez Nueva Mayoría, o esos “piérdete una” de Piñera y Lavín?

Visto así, Deneen quizá se apresura en decretar su defunción. Se ha pronosticado muchas veces el fin del capitalismo, sin embargo éste ha logrado superar sus periódicas crisis a punta de concesiones, al socialismo, desde luego. Lo mismo podría volver a suceder con el liberalismo. Su futuro va a depender de cómo se sigan administrando dichas ambivalencias. Cuestión nada de fácil. Liberalismo y capitalismo han imperado en el pasado presumiendo no ser dogmáticos, pero, vaya, estrategias pragmáticas no los han hecho ni más atrayentes ni menos inmunes a ser corrompidos, que es lo que estaría sucediendo en la actualidad.

Decíamos que se precisa de un conservadurismo en serio, sin complejos, que rompa el empate. Deneen apunta a ello cuando promueve la familia y comunidades. Pero, evidentemente eso no define a un Trump, al Brexit, o a populistas con pasado militar como Bolsonaro. ¿Sucederá lo mismo con José Antonio Kast en nuestro caso? Vale la pena leer a Deneen. En Chile lleva a hacerse preguntas y enfrentar dilemas de este tipo.

Éxito y fracaso liberal

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